
Obra maestra de la arquitectura neoclásica de inspiración palladiana, Villa Cornér della Regina se alza sobre un radiante jardín arbolado enclavado en la llanura trevigiana, acariciada por las gélidas fuentes del Sile y salpicada de majestuosas mansiones renacentistas.
Los orígenes de la grandiosa residencia señorial están ligados a significativos cambios geopolíticos que involucraron a la República de Venezia entre finales del siglo XV e inicios del XVI.
El descubrimiento del continente americano y el consiguiente desplazamiento del eje comercial del Mediterráneo al Atlántico, el expansionismo del Imperio Otomano y la creación de la liga de Cambrai, coalición formada en 1508 con una función antiveneziana, hicieron evidente la necesidad de la República de Venezia de encontrar en la tierra firme un importante baluarte para consolidar su influencia a nivel internacional.
Las familias aristocráticas venecianas comenzaron entonces a invertir sus capitales en el interior de Veneto, donde hicieron construir por grandes arquitectos magníficas residencias campestres.
Establecida en Cavasagra entre los siglos XV y XVI, la familia Cornér Piscopia era la rama más antigua del linaje Cornér, poderosa familia veneciana cuyos miembros más ilustres incluían a cuatro dogos y a la célebre Caterina, convertida en reina tras casarse con Giacomo II de Lusignano, rey de Chipre.
Caterina Cornér
La infancia de Caterina Cornér
Nacida en Venezia el 25 de noviembre de 1454, Caterina Cornér era hija del caballero Marco Cornér (Venezia 1406 ; Venezia, 1479), bisnieto del dogo homónimo que vivió entre 1286 y 1368, y de la duquesa de Naxos Fiorenza de Nicolò Crispo, hija de los señores de las islas de Syros y Santorini. El bisabuelo materno de Caterina, Giovanni IV Comneno, fue emperador de Trebisonda desde 1429, título que mantendría hasta su muerte, ocurrida el 22 de abril de 1459.
La joven pasó su infancia primero en los luminosos espacios de Ca’ Cornér della Regina, el palacio familiar orientado al Canal Grande, y posteriormente, a partir de 1464, en el monasterio medieval de San Benedetto Vecchio, enclavado en el corazón de Padova, junto al Bacchiglione.
El matrimonio
En 1468, a la edad de catorce años, Caterina fue dada en matrimonio por poderes a Giacomo II de Lusignano, rey de Chipre.
Tal unión estaba destinada a favorecer tanto a la República de Venezia, empeñada en ampliar y consolidar su presencia en el Mediterráneo y en el Levante gracias a la posición estratégica de la isla de Chipre, como al rey Giacomo II de Lusignano, que buscaba en la Signoria el apoyo político necesario para hacer frente al expansionismo turco y a las pretensiones de su hermanastra Carlotta, legítima reina de Chipre, a la que había destronado en 1464.
La muerte de Giacomo II
Entre el 6 y el 7 de julio de 1473, Giacomo II murió antes de que Caterina Cornér pudiera dar a luz a su primer y único hijo, Giacomo III. Pese a haber adquirido el control del Mediterráneo Oriental, la joven soberana fue de hecho apartada del reino por un colegio de comisarios en su mayoría filonapolitanos.
La conspiración
En la noche entre el 13 y el 14 de noviembre de 1473, una conjura urdida para despojar a la reina del poder llevó al asesinato de los colaboradores de Caterina Cornaro, entre ellos su tío Andrea (1419 – 1473) y su sobrino Marco Bembo.
Caterina se vio obligada a ceder las fortalezas de Chipre e incluso fue separada de su hijo recién nacido, que fue confiado luego a su suegra.
Sin poder tolerar las intrigas urdidas por napolitanos y catalanes contra la Reina, el 31 de diciembre los venecianos arribaron con diez galeras a Famagosta y ejecutaron a los conjurados. Con la llegada del resto de la flota en 1474, Venezia restableció por completo el control sobre la isla. Ese mismo año Caterina sufrió la trágica desaparición de su hijo, muerto a causa de la malaria.
La abdicación
En 1488, tras una nueva conjura organizada por patricios catalanes, la República de Venezia intervino para sofocar la revuelta y obligó a Caterina Cornér a abdicar en favor de la República. Recibida con una fiesta triunfal, el 6 de junio de 1489 la soberana entró en la ciudad a bordo del Bucintoro, galea ceremonial de los dogos venecianos.
Reina de Asolo

Tras la abdicación, Caterina Cornér se convirtió en domina Aceli (señora de Asolo).
Pietro Bembo (Venezia: 20 de mayo de 1470 – Roma: 18 de enero de 1547) fue una de las figuras destacadas del panorama cultural de su tiempo que tuvo el privilegio de ser acogida en la corte de la Señora de Asolo. Cardenal, escritor y poeta, Pietro Bambo ambientó en los suntuosos espacios del castillo de la Reina Cornér una de sus obras más célebres, Gli Asolani.
Fallecida el 10 de julio de 1510, Caterina Cornér fue una de las figuras más emblemáticas y fascinantes de la familia Cornér.
Villa Cornér della Regina del siglo XVI al XVIII
Está documentado que en 1567 Giorgio Corner (1523-1579), nombrado obispo de Treviso a los quince años por su tío materno, el cardenal Francesco Pisani, pasaba cerca de un mes al año en su residencia de campo de Cavasagra y se alojaba allí con ocasión de las visitas pastorales en el territorio.
Entre los testimonios más antiguos de la residencia señorial, un inventario de 1638 describe Villa Cornér della Regina como una “casa tripartita a la veneciana”, formada por una planta baja, una planta noble con salón central flanqueado por cuatro habitaciones.
En la primera mitad del siglo XVIII, el arquitecto Giorgio Massari (Venezia: 13 de octubre de 1687 ; 20 de diciembre de 1766) llevó a cabo una intervención de reorganización del antiguo palacio renacentista, de cuya estructura del siglo XVI aún hoy puede admirarse la fachada trasera de la Villa.
Un mapa de aquel período muestra un palacio rectangular, con cuatro pináculos de piedra a los lados, similar al actual pero aún sin la logia central.
Habría sido el arquitecto Francesco Maria Preti (Castelfranco Veneto: 19 de mayo de 1701 ; 23 de diciembre de 1774) quien dotó al núcleo residencial de la villa de su aspecto actual, con la inserción del atrio palladiano, y quien “hizo añadidos, incrementos y lo redujo, con estilo palladiano, felizmente en el cuerpo, adornándolo de alas y barchesse”.
Otros estudiosos atribuyen tal intervención a Giovanni Miazzi (Bassano del Grappa: 2 de agosto de 1698 – 19 de julio de 1797), reconociendo a Francesco Maria Preti el diseño de las barchesse laterales y quizá de los invernaderos.

Arquitectura de Villa Cornér della Regina
Simétrica y verticalmente tripartita, la fachada meridional del cuerpo principal se articula en el centro mediante un monumental pronaos tetrástilo de orden dórico, accesible por una solemne escalinata.
Por encima del pórtico se recorta el entablamento con metopas y triglifos. Dulcificado en el centro del frontón por el escudo de los Cornér Persico, el frontón triangular dentellado está coronado en los vértices por tres estatuas. Otras valiosas esculturas adornan el jardín y las columnas de las cancelas.
En una posición ligeramente retrasada respecto a la logia central, las secciones laterales se articulan en tres niveles. Ornamentada con un revestimiento de falso almohadillado, la planta baja presenta ocho aberturas cuadrangulares, ligeramente alargadas.
En eje con las aberturas inferiores y con las ventanas cuadradas de la segunda planta, las monoforas con arco de medio punto de la planta noble se inspiran en las de Palazzo del Paradiso, de Scamozzi, en Castelfranco Veneto.
La fachada con la logia central y la gran escalinata de acceso imitan en cambio Palazzo Spineda de Venegazzù, así como los tres arcos centrales del rusticale de la derecha, rematados por un frontón.
La barchessa está flanqueada por dos edificios porticados de una planta y se une verticalmente en la esquina derecha a un largo edificio de uso del personal.
Las puertas y ventanas abiertas en los muros que delimitan la propiedad al oeste muestran las claras huellas de puertas y ventanas, ahora tapiadas, que antaño daban acceso a la espléndida limonera.
Las salas de Villa Cornér

Uno de los espacios más extraordinarios del complejo señorial, el fastuoso salón central de la villa está enriquecido por una espectacular témpera sobre mortero de Angelo Sala (1823-1890), de 1851.
Devuelta a su antiguo esplendor mediante minuciosas intervenciones de restauración, la arquitectura ilusoria que adorna la bóveda de la sala reproduce un almohadillado en el que se abren seis grandes ventanas pintadas. Magistral ejemplo de trompe-l’œil, las vidrieras emplomadas dejan entrever un escenario celestial salpicado de nubes. Especialmente sugestivos son los rayos de un sol rojo que se filtran por la falsa ventana del sur.
En la base de la admirable estructura ficticia destacan decoraciones en estuco con rostros grotescos, máscaras, animales y amorcillos alados.
Las puertas del salón están coronadas por cuatro figuras femeninas, situadas sobre capiteles envueltos en nubes, que simbolizan los continentes entonces conocidos. Al suroeste, Europa está representada a lomos de un noble corcel y lleva sobre la cabeza una corona de laurel. La representación de África, con tocado etíope y collar de marfil, posa junto a un elefantito. Al noreste y al noroeste se encuentran respectivamente Asia, con el pecho descubierto y turbante, y América, representada de espaldas, desnuda, con carcaj, arco y plumas características de los nativos.
Una vez entrados en el salón uno se ve envuelto por una atmósfera encantada, casi onírica, en la que se difuminan los límites entre genio arquitectónico e inspiración pictórica, entre realidad e imaginación.
El salón del sureste está ricamente decorado con cuatro estupendas ilusiones de perspectiva del siglo XVIII enmarcadas por estucos. Desde las ventanas circulares, con cortinillas sujetas por cintas, se divisan agradables paisajes pintados. Sobre cada puerta destacan las alegorías de Pintura, Arquitectura, Escultura y Poesía, mientras que el techo está embellecido por la figura de una mujer que empuña un fusil, con caza menor a sus pies.
La propiedad terrateniente

De zona pantanosa a paraíso en la tierra
Salpicado de cedros del Atlas, abetos, aligustres, pinos marinos, encinas y otras majestuosas plantas de gran porte, el regio parque centenario de Villa Cornér della Regina se integra con gracia en el paisaje rural de Vedelago entre vastos cultivos de maíz, frondosos setos, exuberantes viñedos y campos dorados de trigo atravesados por antiguas avenidas de álamos cipresinos.
Cuando entre finales del Quattrocento e inicios del Cinquecento la familia Cornér Piscopia, rama más antigua del ilustre linaje, se estableció en Sant’Andrea di Cavasagra, el latifundio en el que decidió erigir su residencia campestre era muy distinto de como aparece hoy.
El Uffizio delle acque y la intervención de fra Giocondo
Envuelto por densas formaciones boscosas infestadas de lobos, el terreno era en parte pantanoso, dada la cercanía de las fuentes del Sile, y en parte cubierto de piedras y grava, por la presencia del antiguo cauce del río Cordevole Piave.
Fue así como en 1469 la República de Venezia instituyó en Treviso el Uffizio delle acque” con el objetivo de sistemar “todas las Bretelle de la región, es decir, los ríos, los canales y las aguas de surgencia, llamadas así por la Bretella mayor que entonces en la villa de Pederobba fue derivada del Piave”.
El ingeniero Giovanni Monsignori, más conocido como fra Giocondo, (1433c-1515), fue encargado de realizar obras hidráulicas para garantizar el abastecimiento de agua potable a hombres y animales en el territorio.
En el jardín al norte de Villa Cornér della Regina se encuentra todavía el pozo para dar agua potable a los habitantes, mientras que la acequia de riego de la Brentella que corría, y que sigue corriendo, a lo largo del lado oeste se usaba para abrevar a los animales.
Las esculturas del jardín de Villa Cornér
En los primeros años del siglo XVIII Gerolamo III encargó al escultor Orazio Marinali (Angarano, 24 de febrero de 1643 – Vicenza, 6 de abril de 1720) y a su escuela la tarea de ennoblecer tanto el frontón de la Villa como el ameno jardín a la italiana con estatuas de piedra blanca blanda de Vicenza que representaban divinidades de la mitología griega.

La familia Persico
En 1810 la propiedad pasó a los Persico, linaje de origen bergamasco distinguido con el título nobiliario como reconocimiento por méritos civiles y militares al servicio de la Repubblica Veneta. Gracias a su visión de futuro y autoridad, los propietarios llevaron la finca a alcanzar una extensión superior a las seiscientas hectáreas. Los Persico hicieron además construir algunos molinos de agua para la molienda de los cereales, de los que queda rastro en los topónimos rurales y en las ruinas del antiguo molino Persico, al sur de Cavasagra.
Muy apreciados por la población local, los Persico desempeñaron un papel significativo en la administración pública del territorio. Cuando Cavasagra se convirtió en comune en 1867 con sede en la casa de Simioni Luigi, propiedad de la misma familia, fue elegido alcalde el conde Matteo Persico.
Cinco años después, el comune de Cavasagra fue agregado al de Vedelago.
En 1886, para conmemorar el fin de una epidemia de cólera, la familia Persico donó a la iglesia parroquial los altares laterales de San Giovanni y de la Sacra Famiglia.
Antonio Frova
De origen lombardo, Antonio Frova compró la propiedad en 1905. Primer propietario de la villa sin títulos nobiliarios, Antonio Frova emprendió obras de bonificación y dio prioridad al cultivo de forraje para la cría de ganado.
A Antonio Frova se debe además la construcción de dos casas de tres plantas, equidistantes de la residencia principal. Las dos viviendas, una en el lado sureste y la otra en el lado noroeste respecto a Villa Cornér, están habitadas por las familias Sartoretto, cuyo apellido revela la antigua profesión de sastres ejercida al servicio del propietario.
Al contrario que los propietarios anteriores, Antonio Frova generó descontento entre los medianeros y arrendatarios de la propiedad al imponerles contratos agrarios de carácter feudal. Su actitud despótica pudo ser una de las causas del asalto a Villa Cornér, ocurrido el 30 de noviembre de 1907, por parte de los arrendatarios y colonos de la villa. Durante la irrupción fueron incendiados el granero y la cuadra. Las estatuas del siglo XVIII fueron vandalizadas, al igual que las dependencias rústicas y los invernaderos.
La familia Frova donó varios muebles y enseres a la iglesia parroquial, incluida la Via Crucis que decora sus paredes interiores, y financió una guardería parroquial anexa a la casa parroquial. A Antonio Frova se debe además la construcción de las escuelas elementales frente a la casa parroquial y la entrega a la Curia Vescovile de terrenos destinados a ser arrendados a los menos favorecidos a un precio módico.
Villa Cornér della Regina en la Primera Guerra Mundial
Sede de mando del VIII y X ejército del Gen. Enrico Caviglia (1862/1945) durante la primera guerra mundial, la villa exhibe en su interior una blanca lápida marmórea enmarcada por ornamentos de bronce que representan hojas de laurel y de roble, un tondo con el león de San Marco en altorrelieve y, en la parte superior, un escudo saboyano y una victoria alada. La inscripción dice:
Enrico Caviglia
General Comandante VIII y X ejército
en el hospitalario silencio de esta villa
de junio a noviembre MCMXVIII
meditó la revancha y aseguró el triunfo de Vittorio Veneto
La Familia Frova en memoria perpetua XXVIII-X-MCMXXIII
C.Lorenzetti
La avenida de álamos cipresinos que se extiende al sur, al otro lado de Via Corriva, continúa también hacia el norte durante algunos cientos de metros.
Las actuales hileras de álamos cipresinos fueron plantadas entre las dos guerras mundiales. Los árboles anteriores, que databan de los siglos XVIII y XIX, habían sido talados tras la derrota de Caporetto por orden del General Caviglia para realizar los postes de las trincheras en el frente del Piave y del Grappa.
Los últimos propietarios

A la muerte de Antonio Frova la propiedad fue comprada por el Sr. M. Orefice, de origen judío. A principios de los años setenta Sir Stafford Sands, gobernador del protectorado inglés de las islas Bahamas, adquirió la Villa y se la regaló a su esposa.
El Lord inglés modernizó la noble propiedad sin traicionar su alma histórica, sino al contrario, realzándola. A Sir. Stafford se debe la realización de una piscina con hidromasaje (diseñada por el arquitecto Malgaretto de Treviso y por el topógrafo Gritti Ivo de Albaredo).
A la muerte de Sir Stafford la propiedad pasó a la Agricola Corner del Conte Dona’ delle Rose, que convirtió Villa Cornér della Regina en un sofisticado Country Hotel con restaurante anexo.
La reforma de las barchesse data de los años 1991 y 1992, de las cuales se obtuvieron 34 apartamentos de gran prestigio.
La suite presidencial de Villa Cornér della Regina

Con techos de más de seis metros de altura, muebles de época y paredes decoradas con finos estucos y frescos, la luminosa suite presidencial es la suite más bella de Villa Cornér della Regina. Dispone de cama con dosel, bañera de hidromasaje, ducha de hidromasaje y vestidor.







