Agradecemos al municipio de Sernaglia della Battaglia por su amable colaboración.

Passo Barca
Punto de partida de la excursión es Passo Barca, localidad de Falzè di Piave cuyo topónimo se relaciona con el importante nudo de tráficos fluviales surgido en la margen izquierda del Piave, en la zona de inundación donde el cauce del río, al estrecharse, facilitaba el paso de los transbordadores de una orilla a otra.
El Piave, cuyas corrientes impetuosas el hombre aprendió a domar quizás ya desde finales de la Edad del Bronce, constituía una de las principales vías de comunicación y comercio desde los Dolomitas hasta la Laguna desde la antigüedad, cuando la llanura véneto y las montañas estaban cubiertas de bosques y selvas.
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Cómo llegar a Passo Barca

Desde Piazza Arditi tomamos Via Passo Barca y avanzamos 350 metros hasta encontrar, a nuestra derecha, el área de autocaravanas Le Grave. Poco más al sur llegamos al amplio aparcamiento de pago junto a las grave del Piave, donde se yerguen los dos hornos novecentistas de la familia Zottis, imponentes torres de ladrillos rojos cuyo vientre ardiente transformó millones de blancos guijarros fluviales en cal viva, hasta el cierre definitivo de la fábrica en los años ochenta.


Del anfiteatro comunal a las cuevas de las volpes

Las balsas de Codissago
Desde el aparcamiento de Falzè seguimos el río aguas arriba hacia el anfiteatro comunal. Sombreado por álamos, robinias, abedules, arces campestres, nogales, plátanos y muchas otras frondosas plantas de alto porte, el sendero serpentea al borde del verde manto arbóreo que rodea una cúpula, realizada por la Fameja dei Zatèr de Codissago, sobre la cual se encuentra una muela hallada en el lecho del Piave.
La cúpula es cada una de las cinco secciones que constituyen la balsa, embarcación de fondo plano ideada para navegar en aguas poco profundas, cuyos remos tienen pala trapezoidal. Cada módulo está formado por unos veinte troncos largos de 420 cm, perforados en los extremos y atados con vástagos desfibrados y retorcidos.


Robles, tilos y carpes rodean un ancla para el atraque de barcas pontón de la Primera Guerra Mundial, junto a la cual se alza el monumento dedicado a Ezio Losso, trágicamente fallecido el 12 de julio de 1992 durante la recreación de un viaje en balsa desde Perarolo di Cadore hasta Venecia. El evento se había realizado con motivo del quinto centenario de la firma del Estatuto de los Zattieri del Piave, ratificado en Venecia el 3 de agosto de 1492 por el Dux Agostino Barbarigo.

Volviendo la mirada hacia el sur, uno queda encantado por el denso manto arbóreo que cubre la ladera norte del Montello. Salpicado por islotes fluviales, el curso del Piave que fluye a sus pies lame la blanca extensión de las grave, caracterizada por un manto herbáceo que recuerda las estepas, salpicado de vistosas especies florales. Entre ellas, la salicaria destaca por sus inflorescencias lilas, el topinambur por sus pétalos amarillo brillante.

Al inicio del recorrido, dos paneles informativos presentan cada uno una abertura circular que dirige la mirada hacia puntos de interés histórico en la margen derecha del río sagrado a la Patria. La primera mira enfoca la Casa de Faveri, punto de partida del sendero “Brigata Lucca”, a lo largo del cual se encuentran numerosas posiciones de la Primera Guerra Mundial.
La segunda indica la dirección de la Croda dei Zattieri, desde donde los zattieri de Nervesa recibían las balsas para transportarlas hasta Ponte di Piave. Durante la Gran Guerra, dentro de la croda se excavó una doble posición para ametralladoras.
Este exuberante paisaje sirve de fondo a los versos extraídos del poema “Sul Piave” de Andrea Zanzotto:
“Río fiel
que anuncias y superas
la plenitud de la primavera
con el desbordante ardor de los neveros:” (vv. 1-4)
“Quédate, humano, con nosotros. Y cesa. Y no vuelvan
al himno estas olas. Nunca más.” (vv. 61-62)
Las devastaciones y trastornos de las dos guerras mundiales no han cortado el hilo intangible de tradiciones orales y creencias populares que a lo largo de milenios han dado vida al floreciente conjunto de criaturas fantásticas que pueblan las cuevas, velan por los bosques y habitan las fuentes cristalinas de este Oasi incontaminado y que ahora nos disponemos a conocer más de cerca.
El sendero de las Volpere: el Piave, el Rosper, las crodas
El trazado discurre a lo largo del zócalo rocoso conocido como “croda”, cuyas paredes de conglomerado están formadas por guijarros unidos por carbonato cálcico. Resultado de la erosión de la lluvia sobre la roca friable del escarpe, las numerosas cavidades naturales que se abren en la terraza aluvial ofrecían refugio de los fríos vientos del norte a rapaces, zorros (Vulpes vulpes), de donde el sendero toma el nombre, y, a partir de finales del V milenio a.C., a tribus de cazadores.

Superada una cómoda pasarela de madera en ligera pendiente, el sinuoso itinerario se desarrolla entre plantas de laurel, cornejos, arces campestres, robles, acacias, alisos, moreras, higueras y avellanos, cuyas frondas enmarcan las escarpadas paredes del espolón rocoso, asomado al cauce del río Piave, en el que se abren el Antro de Breda, el Refugio Stella y las Cuevas Bertazzon.

El Mazarol

Conocido como Matharól en el Véneto septentrional y como Salvanél en el meridional, el Mazarol es una criatura mítica que enseñó a los hombres la cría de ovinos y el arte quesero. De baja estatura y apariencia humana, aunque a veces se le representa con patas de cabra, el Mazarol se distingue por su característico traje rojo y su naturaleza huidiza. Hábil flautista, se expresa hablando petèl, un lenguaje desarticulado similar al de los bebés. Guardián de los bosques y de la fauna que los habita, este ser legendario se mueve con agilidad entre la vegetación salvaje, engañando a los cazadores y haciéndoles perder el camino.
Vertida sobre las paredes rocosas del escarpe, una cascada de hiedra cubre un profundo antro, a cuya entrada, colocado sobre un atril, se encuentra un libro esculpido por Luciano Gobbato dedicado al Mazarol, con una inscripción que reza:
“el mazarol
no cascar
entro te le
peche del
mazarol”
Desde la página contigua emerge el rostro sonriente del duende bromista, de nariz pronunciada, espesa barba, orejas puntiagudas y característico gorro rojo.
El recorrido se adentra en la vegetación del bosque de ribera, cuyo silencio es interrumpido por el leve susurro del arroyo Rosper y de las frondas ondulantes de robles y altos álamos.
Sinuesas escalinatas de madera y tierra apisonada desafían las pendientes del despeñadero, permitiendo observar de cerca sus entrantes, uno de los cuales alberga una imagen votiva de la Virgen.

Historia del Antiguo Puerto de Falzè
El Medio Piave del Paleolítico a la Edad del Hierro
Por los hallazgos encontrados en la zona se deduce que la cueva más grande entre estas estaba habitada por asentamientos humanos desde el Paleolítico hasta la Edad del Hierro. También surgieron aldeas artesanales especializadas en el trabajo del sílex en la cima del despeñadero, como atestiguan los fragmentos de cerámica y los restos de utensilios neolíticos realizados con esta roca sedimentaria a base de silicio. Presente en abundancia en el lecho del Piave, ya se utilizaba antes de la Edad del Cobre para la fabricación de instrumentos de corte, raspado y perforación.
Passo Barca de la época romana a la Edad Media
Ya documentada por inscripciones funerarias de época romana, la actividad de los zattieri, que desde los bosques dolomíticos y prealpinos transportaban madera hasta los lidos adriáticos, testimonia la importancia del Piave como encrucijada para la comunicación y el transporte de personas y mercancías. Durante la Edad Media, el río constituía un canal privilegiado para el tránsito de ganado, vino, especias, ámbar, bronce, vidrio, minerales de Cadore, así como productos del bosque como setas, castañas, miel y fresas. El Piave fue también una importante arteria fluvial para permitir a peregrinos de toda Europa llegar a Venecia, desde donde se embarcaban rumbo a Jerusalén.
Los Condes Collalto
En 1224, Rambaldo VII y sus hermanos compraron al Municipio de Treviso “el paso del Piave, el puerto y el mercado de Falzedo, con algunos edificios y muchas posesiones“.
Las embarcaciones empleadas para transportar personas y mercancías de una orilla a otra del río incluían el barchetto, de longitud variable entre cinco y seis metros, la mezzana, de hasta diez metros, y la grande, utilizada para el transporte de rebaños y hatos, de hasta casi veinte metros de largo.
La barca del Piave, de una orilla a la otra del río
Caracterizada por una proa triangular puntiaguda, fondo plano, casco rectangular, popa cuadrada y costados ligeramente elevados, la barca del Piave se maniobra con remos de haya largos de seis a ocho metros. Rematadas con una punta de hierro, las pértigas se usaban para conducir la embarcación de una orilla a otra apoyándose en el fondo.
Transportes y tarifarios medievales
En 1231, el sistema de tributación sobre el paso de personas y mercancías a través del río Piave establecía un pago de dos denarios por un hombre a pie, seis por un hombre a caballo, mientras que para los forasteros la cantidad se duplicaba.
En 1263, el paso de un carro cargado suponía el pago de cuatro denarios, seis denarios por un caballo con albarda.
En 1377, las tablas distinguían el transbordo con Piave pequeña y Piave grande. El paso de una persona a pie variaba de seis denarios a un sueldo, con caballo de uno a dos sueldos. Por un carro cargado, la tasa iba de dos a cuatro sueldos, mientras que para los animales de gran tamaño se aplicaba una tasa de uno a dos sueldos. La carga de vino tenía una tasa de cinco sueldos, y para rebaños de hasta cien ovejas se pagaban ocho sueldos. También en este caso los forasteros estaban sujetos al doble de las tarifas.
Cuando los zattieri belluneses atracaban en el puerto para realizar las operaciones de carga y descarga, eran reemplazados por los zattieri de Nervesa, que completaban el trayecto hasta la Laguna.
La red viaria que se desarrollaba desde el puerto fluvial conducía, hacia el este, al castillo de Collalto. Hacia el norte, la Cal Zattera llevaba a las pieves de Soligo y Sernaglia, mientras que la Vía Claudia Augusta se extendía paralela a la orilla del río.
Los bosques de la Dominante

Durante la edad de oro de la República de Venecia, el puerto fluvial veía pasar más de tres mil balsas al año, las cuales, además de transportar personas y alimentos, aseguraban el abastecimiento de madera necesaria a la Dominante para la construcción de los cimientos de los palacios, los cascos de los barcos y los remos.
Los recursos forestales, cuya jurisdicción estaba encomendada a la casa del Arsenal, constituían los cimientos mismos del Estado. Los robles del Montello se empleaban para los cascos de las galeras, los abetos del Cadore se convertían en los mástiles que sostenían las velas y las hayas del Cansiglio en los remos de la flota ducal.



El curso medio del Piave en la Primera Guerra Mundial
La derrota de Caporetto
Iniciada a las dos de la madrugada del 24 de octubre de 1917 con proyectiles cargados de gas fosgeno, la ofensiva del XIV Ejército Imperial en el frente del Alto Isonzo, entre Plezzo y Tolmino, obligó al Ejército Real no solo a ceder las posiciones duramente conquistadas en el Carso, en Gorizia y en la Bainsizza, sino a replegarse desordenadamente durante unos 150 km, dejando en manos austro-alemanas el Friuli y el Véneto oriental.
El 9 de noviembre de 1917, el Ejército Real minó los puentes sobre el río sagrado a la Patria. Entre el 16 y el 17 de noviembre logró rechazar al enemigo, que se preparó para invernar en los Prealpes y en la margen izquierda del Piave esperando la ofensiva prevista para la primavera-verano de 1918. El ataque planeaba golpear simultáneamente la Meseta de Asiago, el Macizo del Grappa y el río Piave.
La batalla del solsticio
A las tres de la madrugada del 15 de junio de 1918, 5.470 bocas de fuego austro-húngaras abren fuego contra las posiciones italianas desde el Astico hasta el Piave.
A las 05:10 se colocaron las chalanas y pontones para el cruce del río. En Sernaglia della Battaglia, los regimientos de infantería 44.º y 69.º alcanzaron la margen derecha del Piave y rompieron fácilmente las primeras líneas.
Facilitados por la densa niebla y las granadas fumígenas, los austro-húngaros alcanzaron el Montello a la altura de Giavera, avanzando luego hasta Nervesa. Tras cruzar el río entre las Grave di Papadopoli y Fossalta di Piave, los imperiales se enfrentaron a la tenaz defensa italiana. En San Donà di Piave llegaron hasta Caposile.
El contraataque italiano no se hizo esperar. La artillería y la aviación aliada bombardearon los puentes de barcas, ralentizando el paso de suministros y refuerzos al otro lado del Piave, debilitando así el ímpetu del avance enemigo. También dificultaron a los imperiales las intensas lluvias que entre la noche del 17 al 19 de junio elevaron el nivel del Piave en 70 cm, sumergiendo las islas fluviales e impidiendo la construcción de puentes de barcas.
El 20 de junio de 1918, el emperador Carlos I ordenó la retirada general, que se completó unos tres días después, durante la noche. En la zona de Villa Jacur alcanzaron la margen izquierda del Piave 5.000 hombres y cuatro baterías de montaña.
El balance de la última ofensiva austro-húngara en el frente del Piave fue de 19.300 caídos austriacos y 23.200 caídos italianos en ocho días solo en el Montello.
De la Segunda Guerra Mundial a la actualidad
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial hubo una intensificación de los tránsitos entre las orillas del río, tanto con motivo de celebraciones tradicionales, como para permitir a los habitantes del Quartier del Piave llegar a sus tierras de cultivo en el Montello, y a los habitantes del Montello acudir al horno de Falzè donde trabajaban.
La reducción del caudal del río en verano, unida a la disminución del transporte fluvial en este tramo del curso medio del Piave en los años sesenta, llevó en 1970 a la interrupción definitiva de las actividades del barquero, o barcarol.
La evolución de los medios de transporte y de las vías de comunicación no ha borrado, sin embargo, los históricos conocimientos artesanales y náuticos de los zattieri, cuyas antiguas raíces han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Las Anguane

Además de Matharol, el folclore local cuenta con la presencia de las Anguane, cuyo nombre deriva del latín Aquaneae, es decir, “habitantes de las aguas”.
Representadas de cintura para arriba como mujeres de complexión esbelta y sinuosa, las anguane presentan en lugar de piernas una larga cola de anguila. Se caracterizan por una piel viscosa, pupilas dilatables y cabelleras fluidas formadas por algas filiformes.
Al igual que las sirenas homéricas, las Anguane son temidas por su canto embriagador, para protegerse del cual, la tradición popular prescribía el uso de gargantillas con ramitas de viburno trenzadas.




Fuente de Scapol y Fuente Stella

El sendero es bañado por los manantiales de las Volpére, pertenecientes a la cuenca freática del paleocauce del Soligo.
Dos de los lugares más fotogénicos del itinerario son la Fuente de Scapol y la Fuente Stella, manantiales cristalinos cuyo caudal constante y temperatura estable entre 10 y 13 °C favorecen el desarrollo de una exuberante vegetación de ribera. Observando las claras fuentes, uno queda impactado por los reflejos cambiantes que del ocre del fondo arenoso y guijarroso se difuminan en celeste y verde esmeralda, hasta el azul oscuro en los puntos de mayor profundidad.
A lo largo del trayecto se divisan sugerentes vistas del Fontanon y de la punta de las Volpere, en la cercana Oasi delle Fontane Bianche, de la cual el arroyo Rosper constituye el límite natural.
El trazado se separa del arroyo Rosper y bordea durante un tramo la margen izquierda de la Dolza. Inmerso en la densa vegetación del bosque, el sendero conduce a un cruce: tomamos la izquierda para llegar a un grupo de casas en Via Fontigo.



Siguiendo las indicaciones hacia las Fontane Bianche, el sendero se abre al paisaje campestre de Sernaglia salpicado de caseríos rodeados de campos de trigo y maíz de los que asoman algunas plantas de amaranto, con sus características inflorescencias de color rojo oscuro.



El recorrido se adentra nuevamente en la vegetación boscosa bañada por el arroyo Dolza hasta salir a Via Fontane Bianche. En este punto giramos a la izquierda en dirección al Molino Vecio in Val, a poca distancia del recorrido circular del Oasi naturalística Fontane Bianche.



