Agradecemos la amable colaboración del municipio de Pieve del Grappa y de la Unidad Organizativa SIF y Áreas Naturalísticas de Treviso de Veneto Agricoltura, Agencia Veneta para la Innovación en el Sector Primario.
La realización del presente estudio ha sido posible gracias a la información contenida en la Guía del Jardín Vegetacional Astego y en el folleto del Jardín Vegetacional Astego.
Historia del Jardín Vegetacional Astego
Incrustado en la vertiente sur del Macizo del Grappa a una altitud de unos 450 m s.n.m., el Jardín Vegetacional Astego nace como vivero forestal con la intención de restaurar el patrimonio boscoso montañoso devastado por la Primera Guerra Mundial. A las finalidades viverísticas se suman actividades lúdicas y divulgativas dedicadas a los ambientes vegetacionales del Macizo del Grappa y de los Cerros circundantes.
De Vivero Forestal a Jardín Vegetacional
Fundado por el Cuerpo Forestal del Estado y activo ya en 1920 para la conservación de especies autóctonas, el Vivero Forestal Astego pasó a gestión en 1986 al Servicio Forestal Regional.
En el año 2000, este último reubicó la producción de material viverístico regional en el Centro Biodiversidad Vegetal y Fuera de Bosque de Veneto Agricoltura en Montecchio Precalcino (VI).
Durante los trabajos de ampliación se decidió preservar la articulación original de la estructura, marcada por dieciséis bancales encerrados por muretes de contención de piedra. Un caminito central atraviesa los escalones en los que se reproducen los ambientes naturales presentes desde la cima del Macizo del Grappa hasta la llanura circundante.
Recibida la actual denominación tras dichas intervenciones, el Jardín Vegetacional Astego concilia la salvaguarda de las especies vegetales locales con actividades didácticas y divulgativas que incluyen áreas para la observación de la fauna, recorridos sensoriales y zonas de juego para favorecer el contacto directo con la naturaleza e involucrar a visitantes de todas las edades.
Organizado en una estructura escalonada que sigue la pendiente del declive, el Jardín está confiado desde 2018 a Veneto Agricoltura, en particular a la Unidad Organizativa SIF y Áreas Naturalísticas de Treviso, que se encargan de la reconstrucción de los ambientes, de la gestión técnica y del mantenimiento ordinario esencial para su supervivencia.
El Macizo del Monte Grappa
El 15 de septiembre de 2021 el Programa MAB – Man and the Biosphere, iniciativa intergubernamental del sector ciencias de la UNESCO, proclamó vigésima Reserva de la Biosfera el territorio del Monte Grappa, cuya superficie de 66.000 hectáreas comprende veinticinco municipios en las Provincias de Belluno, Treviso y Vicenza.
El Macizo del Monte Grappa, cuya cima alcanza los 1776 metros, es un complejo montañoso de la cadena prealpina veneciana bañada por los ríos Brenta y Piave, cuyas gélidas aguas separan sus vertientes occidentales y orientales respectivamente del Altopiano dei Sette Comuni (VI) y de la dorsal Cesen-Nevegal (TV-BL).
Al sur del Macizo del Grappa se extienden la pedemontana y la llanura veneciana, mientras que al norte se ramifican numerosos valles fluviales como el Val Cesina, tributario del Brenta; el Val Stizon, tributario del torrente Sonna; el Valle delle Mure, tributario del torrente Calcino; y el Valle del Tegorzo.
El origen del Macizo del Grappa
El proceso de orogénesis que llevó al Macizo del Grappa a asumir el aspecto que podemos admirar hoy se concluyó hace cuatro millones de años, cuando culminó la emergencia de los Alpes meridionales.
Son testimonio de ello los escarpados declives, los conos de deyección, los acumulamientos rocosos y las deformaciones que las capas rocosas han sufrido, resultado de la acción erosiva de los glaciares y de las aguas torrenciales. De la presencia de pliegues y fallas se deduce que los sedimentos de los antiguos fondos marinos, una vez comprimidos y cementados, fueron empujados hacia arriba durante la génesis geológica de la cadena alpina.
El karst
Con una extensión de aproximadamente dos hectáreas, el Jardín Vegetacional Astego alberga un pequeño torrente, una charca de pastoreo y una turbera, indispensables para la flora y la fauna silvestre y doméstica del Macizo del Grappa, cuyo ambiente, predominantemente calcáreo, está fuertemente caracterizado por el fenómeno del karst.
Las rocas carbonatadas, insolubles en agua pura, pueden ser disueltas por el agua mezclada con dióxido de carbono presente en el aire, que transforma el carbonato de calcio, insoluble, en bicarbonato de calcio, soluble.
La acción erosiva de las aguas meteóricas determina la formación de dolinas, simas, surcos y acanaladuras, a través de las cuales el agua, infiltrándose en el subsuelo, se propaga en profundidad hasta el centro de la montaña, para reaflorar a las altitudes colinares dando vida a manantiales cristalinos como los de Tegorzo y Astego en el Grappa y los de Oliero en Valsugana, alimentados por las aguas provenientes del Altopiano de Asiago.
Aspectos botánicos del Monte Grappa
Los complejos factores climáticos y geomorfológicos que caracterizan el Macizo del Grappa, unidos a su posición a caballo entre la cadena Alpina y la Llanura Padana, hacen posible la coexistencia de vegetación de matorral arbustivo, típica de las zonas mediterráneas, con formaciones boreales montanas.
Al escapar al avance de las glaciaciones, las vertientes meridionales y la cima del Macizo del Grappa permitieron que la vegetación preexistente sobreviviera, además de constituir un refugio natural para diversas especies alpinas provenientes del norte.
Con el deshielo de los glaciares, otras plantas volvieron a proliferar en estas islas vegetacionales, importantes reservorios de biodiversidad que, junto con los numerosos valles que se adaptan a la particular morfología del Macizo del Grappa, hacen de este un floreciente mosaico vegetal que alberga entre 1300 y 1350 especies vasculares.
El recorrido guiado por el Jardín
Las tres secciones del Jardín Vegetacional Astego
La primera sección del Jardín guía al visitante al descubrimiento de los dieciséis bancales del vivero forestal original de los años veinte, cuya disposición regular facilita el reconocimiento de las peculiaridades de cada hábitat y de las especies que lo componen.
Organizada en aproximadamente treinta y seis terrazas, la segunda parte del recorrido comprende más de cuatrocientas especies herbáceas y arbustivas. Bañada por un torrente de montaña artificial, el área dedica tres bancales a las cincuenta y cuatro especies de orquídeas silvestres en Veneto, a la fitoalimurgia (disciplina relacionada con las especies silvestres comestibles) y a las rosas.
Dividida en diez bancales, la tercera parte ilustra los ambientes forestales, el sotobosque y en particular los hongos y los animales que lo habitan.
El Jardín Vegetacional Astego entre didáctica y juego
Las actividades lúdicas que ponen a prueba el ingenio, el equilibrio y la capacidad de orientación hacen de la visita al Jardín Vegetacional Astego una experiencia que supera la concepción de los tradicionales recorridos expositivos, involucrando al visitante a nivel intelectual y sensorial gracias a una armoniosa síntesis entre la divulgación naturalística y el antiguo y profundo vínculo entre ser humano y naturaleza.
El recorrido sensorial
Enmarcado por un seto alto de carpe, el trazado para recorrer descalzo ha sido ideado para afinar la percepción física a través del contacto directo con materiales como piedras, hojas, paja, madera, arena y cortezas de árbol. Se recomienda emprender el sendero con los ojos cerrados para agudizar la sensibilidad táctil y mejorar el equilibrio.
Se ha demostrado que sumergirse en un ambiente natural incontaminado contribuye a disminuir la tensión nerviosa, a reducir la presión sanguínea, a aliviar estados de ansiedad y depresión.
El equilibrio en el bosque
Realizado con postes y cuerdas, el recorrido está situado cerca de las primeras formaciones arbóreas, alcanzables bajando por los escalones o tomando el trazado más a la derecha.
Además de poner a prueba su equilibrio, el visitante deberá reconocer a qué animales corresponden las siluetas observables a lo largo del trazado.
El laberinto
El dédalo vegetal que se puede recorrer dentro del Jardín está formado por setos de carpe blanco que se articulan alrededor de una atalaya, cuya posición ventajosa ayuda a encontrar la salida.
Con una extensión de 825 m², el DéDalo vegetal se distribuye en dos niveles correspondientes a dos bancales contiguos.
En otoño las hojas secas del carpe blanco permanecen en las ramas, tiñendo el laberinto de tonos marrones. En invierno fascina el candor de la nieve que se deposita, en primavera el verde brillante de las nuevas floraciones.
El inicio del itinerario
Superada la taquilla, se accede al área del Jardín dedicada a los ambientes de cima. Desde esta posición privilegiada se domina con la mirada la regular secuencia de los bancales dispuestos sobre el declive.
Después de contemplar una bella fuente de piedra, uno queda impactado por el ingenioso reloj de sol analemático situado en el escalón inferior.
El reloj de sol analemático
Que se remonta al siglo XVI, el reloj de sol analemático es un reloj solar horizontal formado por una elipse en la que se indican los puntos-hora del día y las líneas diurnas del año, mientras que una línea meridiana central muestra marcas y sectores correspondientes a las fechas del año.
El jardín rocoso y las pedreras
En la primera parte del itinerario, una secuencia de rocas ilustra la estratigrafía litológica del relieve montañoso, constituida predominantemente por rocas calcáreas formadas por la acumulación de detritos, fangos, mucílagos e incrustaciones calcáreas producidas por microorganismos, animales y plantas que habitaban las aguas ricas en minerales de un mar poco profundo durante tres eras geológicas (Triásico, Jurásico, Cretácico).
Roca carbonática compacta, formada por calcio y magnesio, la dolomía es similar a las otras calizas, pero a diferencia de estas no se disuelve al contacto con el ácido acético.
La rojo ammonítico debe su nombre a los moluscos cefalópodos que existieron hace 65 millones de años, llamados ammonites, cuyos fósiles a menudo salpican esta roca sedimentaria.
Más joven y friable que el rojo ammonítico, la escama roja, difundida especialmente en la cima, desciende al valle después de ser erosionada por el agua. Típico de los valles fluviales es el conglomerado, roca formada por cantos heterogéneos llamados clastos, transportados por ríos y glaciares y cementados entre sí por una arena de fondo.
El candor que caracteriza al Biancone presente en la cima adquiere una tonalidad grisácea cuando, a altitudes más bajas, esta roca calcárea entra en contacto con la humedad. Dentro del Biancone no es raro encontrar nódulos o capas aisladas de sílex, roca sedimentaria negra o rojiza a base de sílice, utilizada en época prehistórica para la producción de cuchillos y puntas de flecha.
Presente sobre todo en la base de la vertiente sur del Macizo del Grappa, la marga está compuesta por partes iguales de caliza y arcilla.
En el jardín rocoso es posible observar las estrategias adaptativas que permiten a algunas especies vegetales sobrevivir en este ambiente áspero y severo.
Las estrategias de defensa de las plantas
La escasez hídrica, la acumulación de nieve, la brevedad del período vegetativo y la irradiación solar constituyen factores limitantes para el desarrollo de la vegetación en la parte cumbrera del Macizo del Grappa y de las cimas prealpinas, cuyo paisaje está caracterizado por praderas estables y vastas extensiones de cantos y gravas depositadas al pie de empinadas paredes rocosas.
La presencia de depósitos de tierra cubiertos por detritos hace posible la supervivencia de algunas especies vegetales. Estas son capaces de resistir condiciones prohibitivas gracias a soluciones adaptativas como el enanismo, las formas en cojín y en roseta, útiles para soportar el viento, el peso de la nieve y la sequía temporal.
El sistema radicular asume un papel fundamental en la capacidad de adaptación de la planta a ambientes rocosos e inaccesibles. El estolón central se ancla en pendientes empinadas mientras que la densa red de raíces secundarias absorbe en poco tiempo una notable cantidad de agua que se almacena en las hojas, las cuales adoptan el aspecto carnoso típico de las plantas crasas.
Para retener la humedad y protegerse de las radiaciones solares UV, algunas plantas y flores, como la estrella alpina Leontopodium alpinum, se cubren de vello en el tallo y las hojas.
A proteger las flores montanas de los rayos ultravioleta contribuyen también los llamativos tonos de los pétalos, útiles para atraer a los polinizadores.
La capacidad de las plantas de acumular almidones y azúcares permite bajar el punto de congelación, aumentando la probabilidad de supervivencia al frío.
Además del estudio de la geología del Macizo del Grappa, el Jardín Vegetacional Astego dedica una sección a la dendrocronología, disciplina relacionada con la medición de la edad de los árboles.
La Dendrocronología
La dendrocronología, cuyo nombre deriva del griego antiguo δένδρον (dendron) es decir árbol, χρόνος (kronos), tiempo y λόγος (lògos), razón, discurso, es la ciencia que estudia los factores ambientales que determinan el desarrollo de los anillos leñosos de los árboles, cuyo conteo permite estimar la edad de la planta.
En primavera y verano los vasos de la planta tienen paredes más delgadas y mayor lumen para hacer fluir más savia. En otoño e invierno, en la fase de reposo vegetativo, tienen lumen más pequeño y paredes más gruesas. Observable en la sección transversal del tronco, la alternancia de colores claros en los meses más cálidos, oscuros en los más fríos, permite remontarse a la edad del árbol con buena aproximación a partir de la secuencia de anillos.
Las plantas registran factores ambientales como viento, lluvia, sequía, temperatura, granizo, heladas y nevadas, variación de humedad y de cantidad de luz, permitiendo datar eventos calamitosos como incendios, actividades volcánicas, terremotos, inundaciones, deslizamientos, avalanchas, enfermedades debidas al parasitismo de insectos, hongos u otras plantas.
Cuando la dendrocronología se aplica al estudio de los cambios climáticos, se habla de dendroclimatología.
La vegetación en la cima
El sustrato que caracteriza el ambiente típico de las cimas prealpinas, unido a las bajas temperaturas y la elevada humedad, impide el desarrollo del sistema radicular de plantas de alto fuste.
Los diferentes tipos de pedrera que se pueden observar a la derecha son el resultado de la crioclastia. Dicho fenómeno consiste en la erosión mecánica de la roca por efecto de la presión ejercida por la transformación en hielo del agua presente en las fisuras rocosas.
Las plantas pioneras, capaces de establecerse en terrenos inaccesibles, permeables, pobres en sustancias nutritivas, expuestos al viento y al hielo, incluyen el pino mugo (Pinus mugo), el alerce (Larix decidua), el aliso verde (Alnus viridis), la heliantemo (Helianthemum nummularium), la tusílago común (Tussilago farfara), el sauce estipulado (Salix appendiculata), la botánica blanca (Stachys alopecuros).
El pino mugo
Caracterizado por un sistema radicular capaz de consolidar vertientes enteras, este arbusto espontáneo se adapta a sustratos calcáreo-dolomíticos expuestos a corrientes frías y a inversión térmica. Presente tanto en el fondo del valle, a 400-500 m s.n.m., como en los pastos alpinos a 2000 m s.n.m., el pino mugo es capaz de sostener el peso de la nieve gracias a la elasticidad de su madera.
Las hojas aciculares, de longitud variable entre 3 y 6 cm, están unidas a la rama en grupos de dos. El fruto es una pequeña piña apreciada por sus acciones expectorantes y aromáticas.
A tales altitudes, las luminosas extensiones pratenses de alta montaña se tiñen de las vivaces tonalidades de estrellas alpinas (Leontodon), prímulas y saxífragas (del latín saxum fragor, “romper la piedra”) como la Saxifraga burserana, S. crustata, S. mutata, S. paniculata y la Saxífraga de las Dolomitas (Saxifraga squarrosa var. grappae).
Entre ellas, la Saxífraga de Host crece en las fisuras rocosas formando rosetas basales de hojas largas y consistentes de las que brotan encantadoras flores blancas.
Además de la hierba perla (Moltkia suffruticosa) símbolo del Jardín, las numerosas especies alpinas observables en este cofre de biodiversidad incluyen la pinguícula grasienta (Pinguicula vulgaris), la estrella alpina (Leontopodium alpinum) y la aquilegia de Einsele (Aquilegia einseleana).
Pioneras primarias y secundarias
El sistema radicular de las plantas pioneras primarias y su capacidad de anclarse al suelo, estabilizándolo y contrarrestando su erosión, genera un sustrato fértil para la proliferación de especies más exigentes en términos de disponibilidad hídrica y calidad de nutrientes, protección contra las inclemencias del tiempo y las bajas temperaturas.
El sauce y el aliso verde
Adaptados a nieves persistentes y al sustrato rocoso, el sauce y el aliso verde (Alnus viridis) forman junto con el pino mugo asociaciones con características típicas de los matorrales.
El aliso verde es una de las plantas más difundidas del arco alpino gracias a su adaptabilidad a sustratos tanto calcáreo-dolomíticos como granítico-porfíricos; prefiere pendientes escarpadas con estancamiento de agua y/o nieve incluso durante las estaciones cálidas.
A pesar de su capacidad de consolidar las vertientes de alta montaña, el sistema radicular del aliso verde puede facilitar el desencadenamiento de avalanchas en la temporada invernal debido a la elasticidad de sus raíces, capaces de formar bolsas de aire en el manto nivoso.
La Pinguicula vulgaris
Ese ambiente húmedo y fresco permite el establecimiento de la Pinguicula vulgaris, pequeña planta carnívora que captura insectos atrayéndolos con el color violeta intenso de su embudo floral.
La pradera de alta altitud
Los prados estables extendidos entre los 1500 y 1800 m de altitud, cuyo ambiente está reproducido con cuidado en el segundo bancal que se encuentra a la izquierda, se cubren en la temporada primaveral de una densa capa floral apta para crecer sobre un estrato mínimo de tierra.
La precisa disposición de las terrazas permite distinguir de forma clara el crecimiento progresivo de la vegetación en función de la concentración de nutrientes en el suelo y de las condiciones climáticas más favorables.
La trinchera de la Primera Guerra Mundial reconstruida dentro del Jardín representa un punto de observación privilegiado que permite situarse al nivel vegetativo de plantas herbáceas como el serbal montano, la rosa canina, el tomillo serpol, el enebro enano, el teucrio alpino y el codeso, así como una notable variedad de helechos, los principales de los cuales incluyen: Dryopteris affinis, Dryopteris filix-mas, Saxifraga stellaris, Polystichum aculeatum, Cystopteris fragilis, Polypodium vulgare, Polystichum lonchitis, Asplenium trichomanes.
Los pastos de alta montaña y las charcas de pastoreo
Para suplir la escasez hídrica en las praderas de alta montaña, causada por el suelo calcáreo y los fenómenos kársticos que caracterizan los Prealpes venecianos, los agricultores compactaron piedras, tierra arcillosa y capas de hojas de haya para impermeabilizar las dolinas y permitir que el ganado se abreve durante el pastoreo.
Útiles para la supervivencia de la fauna silvestre, estos cuerpos de agua bordeados de juncos, salpicados de nenúfares, lirios y orquídeas, se llaman lame en la margen derecha del Piave, pose en la izquierda.
En las charcas cercanas a las majadas, especies como la ortiga proliferan gracias a la presencia de deyecciones animales ricas en nitrógeno.
La biodiversidad faunística que en este delicado ecosistema encuentra las condiciones adecuadas para proliferar incluye anfibios como el tritón alpino (Ichthyosaura alpestris), el sapo de vientre amarillo (Bombina variegata) y el sapo común (Bufo bufo), serpientes acuáticas como la culebra de agua (Natrix natrix), insectos como la libélula y un molusco gasterópodo de agua dulce llamado lymnaea de los estanques (Lymnaea stagnalis).
Frecuentador de las zonas húmedas de agua dulce, incluidos estanques y turberas, es el ánade real, especie migratoria presente todo el año en el norte de Italia.
En este ambiente exuberante se inserta la minuciosa reproducción a escala de uno de los más sugerentes ejemplos de arquitectura campestre del territorio, conocido como fojarol.
El fojarol
Construido por quienes vivían y trabajaban en los bosques o pastos, el fojarol es una estructura tradicional empleada de abril a noviembre como establo o pajar, cuyo nombre deriva de las ramitas y hojas (foje) de haya entrelazadas para formar el techo de un espesor de 50 cm.
Para realizar esta fina obra artesanal se esperaba la luna menguante de agosto, en el culmen de la fase vegetativa del haya, cuando sus hojas aún no han comenzado a secarse. En ausencia de ramitas jóvenes se empleaban también ramas más viejas para construir una cubierta a dos aguas, cuya duración alcanzaba en promedio los ochenta años.
Realizados en seco o cementados con mortero pobre de arena hallada in situ, los muros portantes del cason eran realizados en mampostería de caliza, preferiblemente biancone.
Los dos niveles del edificio se adaptan hábilmente a las pendientes del declive: la planta baja correspondiente al establo es accesible desde la entrada orientada al valle, usualmente flanqueada por dos ventanitas para ventilar el ambiente, mientras que la entrada norte, en posición elevada, permite entrar al pajar en el piso superior.
La estructura del techo está generalmente marcada por ocho pares de vigas de abeto llamadas cavai (caballos). Estas se ensamblan con las vigas horizontales que sirven al mismo tiempo de techo para el establo y de suelo para el pajar.
El estanque, la turbera
Además de la charca de pastoreo, dentro del Jardín Vegetacional Astego se han realizado una turbera, un torrente y un estanque. Este último hace posible la floración de plantas acuáticas y flores como el Ranunculus aquatilis, el Iris pseudacorus, la Typha angustifolia, la Caltha palustris y la Lemna minor.
Las especies vegetales observables en las turberas están adaptadas a vivir en áreas sujetas a estancamiento hídrico, en ausencia de oxígeno y con un pH ácido, como los esfagnos (Sphagnum) y los musgos; de notable interés son la Drosera rotundifolia, pequeña planta carnívora, la carex estrellada (Carex stellulata) y el Eriophorum angustifolium.
Contemplado el gélido torrente, encontramos a nuestra derecha, un poco más abajo, un espléndido reloj floral, que permite la lectura de la hora según la apertura de diferentes especies florales.
Los hayedos y el abetal
Bajando de altitud nos adentramos en los diferentes hayedos que, con el progresivo aumento de temperatura, cubren las vertientes meridionales pedemontanas. Dentro del Jardín están reproducidos a la izquierda el hayedo termófilo submontano, a la derecha el altimontano y el montano típico.
El haya (Fagus sylvatica) es una latifoliada típica de los bosques montanos entre los 700 y los 1500 metros, cuyo nombre deriva del griego antiguo φαγεῖν (phageîn), “que se come”. Este árbol representa de hecho una importante fuente de alimento para ardillas, lirones caretos, liebres, corzos y numerosas especies de avifauna que se alimentan de sus yemas, hojas y frutos. De estos últimos, las hayucos, se puede obtener una harina alimenticia y, previo tostado, un polvo similar al café; de su prensado, además, se obtiene un aceite de calidad superior.
El hayedo altimontano
En el hayedo altimontano, las temperaturas frescas, unidas a los elevados índices de humedad y a la presencia de nieblas estivales dificultan el desarrollo del haya, que en tales condiciones adopta a menudo un porte arbustivo. Entre las especies arbustivas o de porte arbustivo presentes en el hayedo altimontano citamos también el pino mugo, el enebro, la rosa canina y, entre las arbóreas, el alerce, el haya, el abeto rojo, el serbal montano y el serbal de cazadores.
El hayedo montano
En el hayedo montano, el enebro (Juniperus communis), el cerezo (Prunus avium), la rosa canina (Rosa canina) y la frambuesa (Rubus idaeus) encuentran las condiciones adecuadas para proliferar.
Muy difundida en el ambiente del Macizo es el hayedo montano típico, el más productivo en términos de leña para quemar y madera de construcción, en el que se observan, además del haya, escasos ejemplares de latifoliadas como el arce de monte (Acer pseudoplatanus).
El hayedo termófilo submontano
Las especies típicas del hayedo termófilo submontano comprenden el tejo (Taxus baccata), el espino blanco (Crataegus monogyna), el arce montano (Acer pseudoplatanus) y el viburno (Viburnum lantana), a los que se añaden consorcios forestales estables de haya y carpe negro (Ostrya carpinifolia). A los tocones de carpe y haya, aprovechados y posteriormente abandonados, pueden sustituirlos avellanedas espontáneas, es decir, consorcios forestales puros de avellano (Corylus avellana).
En el ámbito de la reordenación de los ecosistemas forestales se inserta la progresiva reconversión de los tocones en fustales, formaciones forestales basadas en la regeneración natural obtenida por semilla.
El abetal y el abetal de abeto rojo
El abeto blanco
Situado a la misma altitud que el hayedo altimontano, el abetal es típico de las áreas más frescas de las vertientes septentrionales del Macizo. Esta formación boscosa debe su nombre a la presencia, aunque no predominante, de abeto blanco (Abies alba), cuyas acículas están dispuestas en espina de pescado o en peine respecto a la rama.
Más grandes que las del abeto rojo, las acículas del abeto blanco tienen la punta redondeada y presentan una tonalidad verde intenso en el haz, verde claro con dos finas venas blancas paralelas en el envés.
El abeto rojo
Típica de las áreas pedemontanas, el abetal de abeto rojo (pecceta) toma su nombre del latín Picea abies, en referencia a la brillantez resinosa de la pez del abeto rojo. Originaria de una plantación forestal artificial, el abetal de abeto rojo se caracteriza por un sotobosque pobre en biodiversidad debido a la escasez de luz y a la acidez del sustrato causada por la densa capa de acículas de conífera.
A diferencia del abeto blanco, el abeto rojo presenta acículas más pequeñas, punzantes, dispuestas en espiral. Su corteza marrón rojiza, escamosa, se diferencia de la corteza clara del abeto blanco, caracterizada por una superficie homogénea.
El alerce
En otoño, la copa del alerce (Larix decidua) es fácilmente reconocible por la tonalidad anaranjada que sus acículas, reunidas en pequeños mechones, adquieren antes de caer.
Especie pionera amante de espacios abiertos y soleados, el alerce es muy apreciado por la calidad de su madera, particularmente indicada para obras exteriores por su dureza y resistencia a las inclemencias del tiempo.
De gran importancia es el vínculo simbiótico entre el alerce y los pequeños filamentos que constituyen el micelio (cuerpo vegetativo) de los hongos, llamados hifas. En esta beneficiosa relación de intercambio, denominada micorriza, el árbol ofrece savia elaborada a los hongos, los cuales a cambio defienden sus raíces del ataque de agentes patógenos.
Dentro del Jardín están reproducidos hábilmente, en un espacio reducido, tanto los hábitats transformados por la actividad del hombre, reconocibles por la presencia de castañares, olivares, viñedos, cultivos agronómicos y huertos, como los hábitats que existirían en ausencia de la intervención antrópica, dominados por orno-ostrietes, robledales termófilos y bosques planiziales.
Las formaciones arbóreas colinares y de llanura
El orno-ostrieto
Capaz de prosperar tanto en ambientes fértiles como en ambientes rocosos y de barranco, esta formación boscosa compuesta predominantemente de ornello (Fraxinus ornus) y carpe negro (Ostrya carpinifolia) constituye un punto de transición entre los ambientes montanos y los colinares.
En esta área se observan consorcios naturales con haya y arce campestre, abeto blanco y carpe blanco, con la presencia, aunque no predominante, del tejo, aciculifolia siempreverde que crece a altitudes inferiores a los mil metros.
Este último es reconocible por sus acículas, similares por forma y disposición a las del abeto blanco, pero mucho más blandas. Como indica su nombre específico, el Taxus baccata produce una baya con pulpa comestible y semilla venenosa, por lo que no puede considerarse entre las coníferas, es decir, aquellas plantas que llevan frutos en forma de cono (piñas).
Aunque comprometida por la expansión de la robinia, del castaño y de la viticultura, la compleja biodiversidad de esta formación boscosa es observable en las floraciones de finales de invierno del eléboro blanco (Helleborus niger) y del eléboro verde (Helleborus viridis).
Al aumentar las temperaturas, los pétalos violetas de la hepática noble (Hepatica nobilis), el candor de la anémona blanca (Anemone nemorosa) y de la anémona trifoliada (Anemone trifolia), el azul violáceo de la pulmonaria mayor (Pulmonaria officinalis) salpican el área circular que les está dedicada al pie de un gran avellano.
El robledal termófilo
El bancal subyacente está dedicado al robledal termófilo, del que el quejigo es una de las especies más representativas.
Amante de suelos pobres, magros, calcáreos y resistente a las altas temperaturas, el quejigo (Quercus pubescens) es capaz de crecer en este ambiente gracias a su sistema radicular pivotante, capaz de penetrar suelos rocosos.
Adaptado a terrenos inaccesibles, el robledal termófilo crece al pie de los soleados declives pedemontanos expuestos al sur; sin embargo, la introducción por parte del hombre de especies como el alerce (Larix decidua) y el ailanto (Ailanthus altissima) hace que este ambiente sea difícilmente reconocible para el ojo inexperto.
El bosque planizial
El bosque planizial se caracteriza por el predominio de roble común (Quercus robur), roble albar (Quercus petraea) y quejigo (Quercus pubescens), a los que se asocian el carpe blanco (Carpinus betulus) y muchas otras especies arbóreas y arbustivas como el avellano, el arce campestre y de monte, el olmo y el ornello.
Hasta hace pocos siglos gran parte de la Llanura Padana estaba cubierta por esta formación arbórea. Hoy solo quedan pequeños fragmentos, supervivientes a la expansión industrial y urbana y a las talas realizadas para ampliar las superficies cultivables. Animales como el corzo, adaptados a los climas templados que caracterizan los bosques de llanura, se ven hoy obligados a refugiarse en las zonas colinares y montañosas.
Los cultivos agronómicos de colina y llanura
Esta sección está dedicada a las modificaciones ambientales ligadas a la introducción de cultivos de interés económico y alimentario, como el castañar y el olivar.
El castañar
Perteneciente a la familia de las Fagáceas, el castaño es un árbol originario de Oriente que prefiere suelos fértiles caracterizados por cierta acidez. Crece espontáneamente en los bosques de colina y media montaña, a menudo junto con otras plantas.
El castañar es una formación boscosa de origen antrópico apreciada por la calidad de sus frutos y de su madera. A pesar de la escasa biodiversidad inherente a estas formaciones artificiales y su consecuente vulnerabilidad a los agentes patógenos, los castañares contribuyen a contener el desarrollo invasivo de la robinia (Robinia pseudoacacia).
En el corazón del Jardín Vegetacional Astego se encuentra un gran castaño, plantado a principios de los años 2000, al que se dedican varias actividades lúdicas y una canción:
“… soy Berenice el castaño feliz
tengo raíces largas y las ramas hacia arriba…
… soy un dormilón, pero me he despertado…
… qué hermoso soy, he echado hojas y flores
y todos los pajarillos ya pueden
construir el nido y una fiesta será…”
El olivar
Que se remonta a la época romana, el cultivo tradicional del olivo (Olea europaea) en la pedemontana del Grappa está ligado al microclima de este territorio, caracterizado por veranos cálidos e inviernos más suaves y menos húmedos que la cercana llanura.
La rentabilidad de la olivicultura ha llevado al olivar a asumir las características de un monocultivo intensivo, anteponiendo a veces las exigencias productivas a las ecológicas. Un ejemplo son las plantas seculares del sur de Italia que, arrancadas de su territorio de origen, terminan debilitándose y deteriorándose una vez trasplantadas a otro lugar.
Los cultivos, los arbustos
En el fértil huerto realizado dentro del Jardín, la coexistencia y rotación de flores y hortalizas ecológicas, útil para limitar el uso de sustancias químicas, crea una armoniosa síntesis entre el valor estético de un ameno jardín doméstico y la salubridad de productos agrícolas cultivados localmente.
El empleo de materiales naturales como madera y piedra para delimitar los sectores de este rincón de verde refleja el alma antigua de los huertos que en otro tiempo constituían un elemento típico del campo y de la cultura veneciana.
La cuidadosa selección de las plantas y su precisa disposición en el huerto permite crear una biocenosis, es decir, una asociación en la que diferentes especies conviven en una relación de mutua interacción, de la que cada planta puede obtener beneficio.
El aroma liberado por la Euphorbia lathyrus, por ejemplo, es un repelente natural para topos y ratones, mientras que las secreciones producidas por las raíces de la Calendula officinalis excluyen a los nematodos del suelo, sanándolo.
Entre los cultivos más representativos del territorio desde un punto de vista paisajístico y productivo, observamos una hilera con diferentes variedades de vides así como arbustos como el avellano, funcional para el desarrollo de hábitat de diferentes especies animales.
Flores, frutos, plantas comestibles y medicinales
En la segunda parte se encuentran aproximadamente treinta y seis terrazas que albergan más de cuatrocientas especies herbáceas y arbustivas, importantes en ámbito melífero y herborístico; tres bancales están dedicados a las cincuenta y cuatro orquídeas silvestres del Veneto, uno a la fitoalimurgia, es decir, al conocimiento de las plantas comestibles, uno a las rosas.
Las orquídeas
Supervivientes de la última glaciación, las orquídeas son plantas herbáceas perennes, raras y endémicas, que salpican tanto los prados y bosques de alta altitud del Macizo del Grappa como el área colinar subyacente.
La sección dedicada a las 54 orquídeas silvestres del Veneto representa un fragmento de un vasto mosaico floral que comprende aproximadamente 800 géneros con 25.000 especies conocidas.
Típicas de los climas templados y fríos, las orquídeas geófitas presentes en nuestras regiones sobreviven al invierno conservando los órganos vitales bajo tierra. La germinación está ligada a la presencia de un hongo macroscópico, usualmente del género Rhizoctonia, que proporciona sustancias nutritivas a la planta hasta que, con el desarrollo de las primeras hojitas, la orquídea es capaz de realizar la fotosíntesis clorofílica.
En el Jardín podemos admirar la orquídea militar (Orchis militaris), presente en bosques abiertos hasta 1800 m, cuyas tonalidades se difuminan del azul-violáceo al rojo purpúreo.
Difundida en bosques de hayas y coníferas desde los 600 hasta los 2000 m de altitud, la Cypripedium calceolus (zapatito de dama) se distingue por su vistoso labelo amarillo, mientras que la Orquídea piramidal (Anacamptis pyramidalis) colorea con sus brillantes tonalidades rosa y violáceo los claros soleados y los prados secos con sustrato calcáreo, hasta 1500 m de altitud.
Observable hasta los 1500 metros es también la Cephalanthera longifolia (Cefalantera blanca), típica de claros con arbustos de bosques ralos.
El jardín de las rosas
En el Jardín Vegetacional Astego, una terraza que alberga 82 especies de rosa ilustra la historia y la evolución del género de la familia de las Rosáceas a partir de las especies silvestres, como la rosa canina, típicas de los ambientes de colina y de los Prealpes.
De estas derivan las rosas antiguas, conocidas también como viejas rosas de jardín, rosas tradicionales y rosas históricas, la primera de las cuales es la Rosa Gallica.
Las rosas modernas tuvieron origen en hibridaciones espontáneas entre híbridos perennes, rústicos y vigorosos y las rosas de té, reflorecientes y perennes.
Las rosas del siglo XXI son el resultado de cuidadosos procesos de selección, realizados con el objetivo de obtener rosas resistentes al oídio, a la mancha foliar y a las enfermedades fúngicas.
Plantas alimenticias, medicinales y aromáticas
El término fitoalimurgia deriva del griego ϕυτόν (phytón), es decir planta y alimenta urgentia, en referencia al uso alimentario de las plantas silvestres que se encuentran en bosques y campos. De las aproximadamente 20.000 especies silvestres comestibles, solo 3.000 se emplean comúnmente en la alimentación.
Fundamentales para el desarrollo de la planta, las fitohormonas presentes en las yemas y en los ápices de las plantas realizan una acción drenante y depurativa para el organismo.
De las plantas medicinales, llamadas también plantas oficinales (del latín officina, es decir, los antiguos laboratorios farmacéuticos) se extraen los principios activos o “drogas” (de donde deriva el término droguería) empleados en la preparación de aceites esenciales, ungüentos, infusiones y cosméticos.
En el Jardín están presentes plantas aromáticas utilizadas en cocina, en la producción de licores y cosméticos, entre ellas el anís, la hierba de San Pedro, el estragón, el rábano picante, el comino, la ruda, el tomillo serpol, la melisa y numerosos tipos de menta (campestre, poleo, de agua, piperita, romana, rizada, silvestre, de hoja redonda).
Las Labiadas
La de las Labiadas o Lamiáceas (unas 3.500 especies y 17 géneros) es considerada la familia de los perfumes y los aromas por excelencia. De ella forman parte, entre otras, la salvia, la lavanda, el romero, la mejorana, el tomillo, la menta y la albahaca, plantas de las que se obtienen esencias, aguas destiladas, tinturas y alcanfor.
La función educativa y conservativa de este sector del jardín, en el que cada planta corresponde a una etiqueta botánica, se inspira en los Huertos de los Simples, dedicados a las plantas medicinales y generalmente situados en los monasterios y las universidades.
Iris, amapolas, acianos
En el mundo se cuentan aproximadamente 300 especies de Iris, cuyo nombre, de origen griego, significa arcoíris. En el bancal que se les reserva, están presentes las que viven en el Veneto: Iris cengialti, Iris sibirica, Iris graminea, Iris germanica, Iris pseudacorus.
Un bancal está dedicado a las amapolas y a los acianos, antaño infestantes de los sembrados de trigo y hoy cada vez más raros debido a los fitosanitarios. Otro bancal alberga las Solanáceas (patatas, berenjenas, tomates), las Umbelíferas o Apiáceas (hinojos, eneldo, hinojo silvestre, panacea común, milenrama rosa) y las Compuestas o Asteráceas (tanaceto, margarita subalpina, caléndula).
Pequeños frutos
La frambuesa, el arándano, la grosella negra y roja, la mora, la zarza y la grosella espinosa se encuentran entre los arbustos frutales silvestres más difundidos, distintos de los cultivados en invernadero, adaptados para la producción de frutos más grandes, suculentos y sin espinas y por tanto más comercializables.
La tercera parte del recorrido, articulada en diez bancales, está dedicada a los ambientes forestales y al sotobosque, con particular atención a los hongos y a los animales que los habitan.
Hábitats, hongos y animales
Los hongos se definen organismos heterótrofos ya que, en lugar de realizar la fotosíntesis, obtienen las sustancias orgánicas necesarias para su supervivencia de las plantas hospedantes, con las que establecen relaciones de intercambio y simbiosis. Constituyen componentes fundamentales de los ecosistemas, en equilibrio con los organismos vegetales y animales que viven en el bosque.
Además de las relaciones de colaboración mutua, las relaciones ecológicas que regulan la vida en el sotobosque incluyen formas de parasitismo y depredación. Son también esenciales los procesos de polinización, propagación y diseminación: muchas semillas son transportadas por los animales, adhiriéndose a su pelaje o expulsadas al atravesar el aparato digestivo.
Los últimos espacios de visita reconstruyen algunos hábitats como el del castañar, del alerce y del bosque planizial, con la posibilidad de explorar el vínculo entre ambiente y fauna.
Dentro del Jardín Vegetacional Astego, el observador atento puede divisar animales como busardos, ánades reales, liebres y pequeños roedores. A otros animales, como el rebeco (Rupicapra pyrenaica ornata) están dedicadas sugerentes siluetas de madera que ofrecen al visitante una visión de conjunto de los equilibrios que caracterizan la vida de los bosques.
Las abejas y los insectos polinizadores en el jardín
Gracias al rico mosaico floral que lo caracteriza, el Jardín Vegetacional Astego representa un punto de referencia para la observación de las abejas, insectos polinizadores que constituyen una sociedad monogínica, en la que la abeja reina es la única hembra fértil de la colonia.
La colmena comprende de 4000 a 100.000 obreras y, de abril a julio (en Europa) de 500 a 2000 machos llamados zánganos, destinados a la reproducción.
Las abejas son responsables de aproximadamente el 70% de la polinización de todas las especies vegetales. De los 100 cultivos de los que depende el 90% de la producción mundial de alimentos, 71 son polinizados por las abejas.
Las abejas son muy sensibles a las modificaciones ambientales, en particular al uso de pesticidas a base de neonicotinoides, a causa de los cuales pierden la orientación y no son capaces de regresar a la colmena.
La calidad de la miel producida está ligada de hecho a condiciones ambientales como el clima y las especies vegetales presentes, así como a la intervención del hombre.
Prosiguiendo en descenso, uno queda encantado por la majestuosa copa de un tilo gigante que, junto con el castaño Berenice, constituye uno de los grandes árboles presentes en el Jardín Vegetacional Astego.
Capaz de vivir hasta mil años, el tilo es considerado por la mitología griega como símbolo de acogida y amor.
El tilo plantado en los márgenes de las terrazas del Jardín Vegetacional Astego ha desarrollado su copa hacia el interior del área, sin comprometer el crecimiento de las otras plantas forestales.
La parte conclusiva del itinerario se adentra en el florido mosaico arbóreo en el que coexisten bosque planizial, abetal de abeto rojo, alerce, abetal blanco, castañar, robledal, abedules y álamos, un escenario de cuento capaz de conciliar la majestuosidad del mundo natural en su estado primigenio con la maestría y la precisión de los bancales artificiales, expresión de pericia constructiva y rigor geométrico.


