

Surgido sobre las vestigias de una fortificación que data de 1192, el Castillo Papadopoli Giol es uno de los más encantadores y significativos puntos de referencia culturales y arquitectónicos en Italia.
Síntesis del genio de algunos de los más brillantes arquitectos del siglo XIX, la belleza escenográfica del palacio de estilo neogótico inglés sorprende y alegra al observador con sus altas torres almenadas, las blancas chimeneas disfrazadas de pináculos y los amplios y luminosos miradores.
El suntuoso edificio se refleja en un sugestivo espejo de agua de manantial envuelto por el suave manto herboso de un vasto parque arbolado.
El sabio equilibrio entre naturaleza y arquitectura genera un aura de cuento de hadas suspendida en el tiempo, que a siglos de distancia suscita la maravilla de quienes tienen la suerte de visitar el espléndido castillo y el radiante jardín romántico que lo envuelve.
La historia del feudo de San Polo

Los Da Tolentino
En el siglo XV, Nicolò Mauruzzi da Tolentino se distinguió por su coraje y habilidad estratégica en las guerras lombardas y contra el Reino de Hungría, sirviendo como Capitán General de la República de Venecia. Al final del conflicto con Segismundo de Hungría en 1427, Venecia reconoció los méritos de Nicolò Mauruzzi asignándole el feudo de San Polo. Sin embargo, el condotiero cayó en batalla antes de poder gozar de los territorios concedidos.
En 1452, el Dux Francesco Foscari recompensó a Cristoforo, primogénito de Nicolò, por haber demostrado su valor y fidelidad a la República de Venecia, entregándole definitivamente el feudo de San Polo.
Como testimonio de la presencia de la ilustre familia en los territorios de San Polo, un antiguo blasón de mármol que representa un león rampante blandiendo una espada se destaca en los exteriores de las caballerizas.

Los condes Gabrieli
En 1503 el linaje de los condes Gabrieli obtuvo el feudo de San Polo tras la unión matrimonial con las hijas de Lancillotto da Tolentino.
A la muerte de Angelo Maria, último conde Gabrieli sin herederos, en 1805 el feudo pasó al erario del nuevo Reino Itálico, para luego ser adquirido por los hermanos Vivante.
Los condes Papadopoli
Ricos comerciantes de la isla de Corfú, los Papadopoli se trasladaron a finales del siglo XVIII a Venecia, donde pasaron a formar parte de la nobleza veneciana.
En 1814 el conde Angelo Antonio adquirió de los Vivante las posesiones del antiguo feudo de San Polo, en el cual el hijo del conde, Spiridione, haría erigir un palacio posteriormente ampliado por su primo Nicolò.
El 9 de noviembre de 1917, tras la derrota de Caporetto, los austriacos llegaron a San Polo y establecieron su cuartel general en el castillo. Al final de la guerra, un grupo de bersaglieri italianos ocupó el castillo y encendió un fuego que provocó un incendio que dañó gravemente la estructura.
En 1919 la propiedad pasó al Comendador Giovanni Giol, quien se encargó de reparar los daños causados al castillo durante la Primera Guerra Mundial.
El castillo Papadopoli Giol

En 1850, el conde Spiridione y la condesa Teresina Mosconi encargaron a Francesco Bagnara la realización de su magnífica mansión señorial. El proyecto se concretó en un palacio de estilo neogótico veneciano de planta cuadrada, adornado con cuatro torres almenadas en las esquinas, todo ello armoniosamente insertado en un radiante parque romántico de doce hectáreas.
En 1868, Nicolò y Angelo Papadopoli encargaron a los arquitectos alemanes Ludwig y Emil Von Lange la ampliación de la residencia de San Polo. El proyecto fue culminado en 1888 por el ingeniero y arquitecto turinés Giovanni Battista Ferrante, a quien se atribuye la adición de las dos alas y la adaptación al estilo neogótico de inspiración inglesa.
El parque romántico

Escenógrafo del teatro “La Fenice” de Venecia y profesor de la Academia de Bellas Artes, Francesco Bagnara fue artífice del radiante jardín romántico de la finca de San Polo.
En respuesta al severo rigor geométrico que había distinguido el paisajismo del jardín italiano en los siglos anteriores, Bagnara contrapuso las formas curvilíneas del jardín inglés, cuyos sinuosos diseños evocaban el impenetrable y cambiante carácter del mundo natural en su dimensión primigenia.

Esta filosofía buscaba generar un efecto de gracia desordenada destinado a suscitar un torbellino de emociones en quien se adentraba en este ambiente incontaminado, oscilando entre el asombro y la alegría, la excitación y la tranquila contemplación de soleadas colinas herbosas y suaves valles, de tortuosos arroyos y majestuosos árboles centenarios, de vivaces cascadas y apacibles lagos cuyas plácidas orillas fangosas se confundían con el vasto y radiante prado que los envolvía.
En la segunda mitad del siglo XIX, durante la fase de ampliación de la propiedad, el conde Nicolò Papadopoli encargó al arquitecto de jardines Monsieur Durant la tarea de modernizar el parque para armonizar el carácter pintoresco de los parques ingleses con la linealidad de los jardines franceses.
El encantador escenario de la finca Papadopoli Giol, unido a la atmósfera de ensueño del parque romántico, constituyen el marco ideal para celebrar bodas de cuento de hadas, acoger reuniones empresariales exclusivas y organizar emocionantes visitas guiadas histórico-naturalistas.
La finca vinícola

Desde 1987, las históricas fincas de la residencia señorial producen calidades vinícolas ecológicas y veganas dentro del máximo respeto por el medio ambiente y la materia prima.
Una de las experiencias más sugestivas y gratificantes que la finca Giol ofrece a sus visitantes es el tour de degustación en las antiguas Criptas de envejecimiento de 1427, atmósfera ideal para apreciar las delicadas cualidades organolépticas de los vinos producidos en la explotación agrícola.






