Agradecemos al municipio de San Zenone degli Ezzelini y a la asociación Oasi San Daniele por su amable colaboración.

¿Dónde se encuentra la Oasi San Daniele?
El aparcamiento de la Oasi se encuentra en via S. Daniele (45.80682112289879, 11.812360917884773).

Con una extensión de aproximadamente 100.000 m², el Parque Natural Oasi San Daniele se encuentra en la aldea de Liedolo, en el extremo septentrional de San Zenone degli Ezzelini, y limita con los municipios de Borso del Grappa al norte y Mussolente al oeste.
Enmarcado por álamos cipresinos, robinias, olmos, ailantos, arces campestres, sanguineles, robles, cerezos, saúcos y moreras, blancos caminos rurales serpentean entre amplias extensiones de maíz, viñedos y campos de trigo soleados que envuelven este exuberante parque de aguas dulces alimentado por las surgencias kársticas del Macizo del Grappa.
Majestuoso macizo montañoso de los Prealpi Venete, este se alza entre los cursos del Piave y del Brenta, cuyas gélidas aguas separan sus vertientes oriental y occidental respectivamente del grupo Cesen-Visentin y del Altopiano di Asiago.
Poblada por un rico patrimonio floral, arbóreo y faunístico, la Oasi incluye itinerarios utilizables por personas con discapacidad, accesibles para sillas de ruedas y cochecitos.
Historia del Parque Natural Oasi San Daniele

La geología de la Oasi
La zona en la que se extiende el Parque Natural Oasi San Daniele se alzaba antiguamente a los pies de una elevación, a orillas de una cuenca lacustre. La acumulación de finos sedimentos limosos y arcillosos, transportados por numerosos cursos de agua, provocó el levantamiento del área con la consiguiente desaparición del lago y de otros espejos de agua presentes en la alta llanura trevisana.
En origen modelado por un sistema de modestos valles surcados por arroyos y acariciados por claras surgencias, el corazón de la Oasi fue destinado a cantera de arcilla a partir de los años sesenta del siglo XX para la producción de ladrillos en la cercana tejería “Serena”.
De cantera abandonada a paraíso terrenal
Con el abandono de la actividad extractiva en 1984, la desolada extensión de barro y basura volvió lentamente a recuperar las características del entorno virgen de antaño.
Los seguimientos y las intervenciones de renaturalización han dado vida a una importante reserva de biodiversidad faunística y vegetal que encuentra en el ecosistema de la Oasi las condiciones adecuadas para prosperar.

La administración municipal y un comité espontáneo de ciudadanos, encabezado por la Asociación Sentieri Natura de San Zenone degli Ezzelini, dieron muestra de tenacidad y conciencia ecológica al culminar con éxito una batalla político-legal, iniciada en 1997, para impedir que el grupo inmobiliario la Fenice, propietario del área correspondiente a la antigua cantera, construyera allí un vertedero de lodos, catalogables como residuos peligrosos. En junio de 2003 el Consiglio di Stato acogió el recurso del municipio de San Zenone degli Ezzelini, confirmando de forma definitiva la prohibición de construir el vertedero y haciendo posible la creación del Parque Natural Oasi San Daniele.

A la sociedad propietaria del terreno se le permitió construir una instalación turística, con la condición de que también habilitara aulas didácticas dentro del recinto.
El incumplimiento de tal obligación generó una serie de vicisitudes judiciales entre la sociedad inmobiliaria La Fenice y el Ayuntamiento, que concluyeron con el reconocimiento a favor de este último de un importe de unos 150.000 euros. En 2019, la administración se adjudicó en subasta, por 50.500 euros, la superficie de 85.000 m² correspondiente a los terrenos de la Oasi y del área edificable, a la que se añadió otra porción de 12.000 m².
El estanque del Parque Natural Oasi San Daniele
Gracias a la ayuda obtenida en una convocatoria de la Regione Veneto y a la aportación del Comune di San Zenone degli Ezzelini, la Società di servizi Verde Idea de Botter Michele y el dott. Andrea Venturi apoyaron a la Asociación Oasi San Daniele en el diseño y la realización de un estanque en la zona donde antes había cuatro pozas circulares, de no más de un metro de profundidad, sometidas a sequías estacionales y al congelamiento invernal.
La actual cuenca lacustre, caracterizada por una mayor profundidad, y las plantas autóctonas que enmarcan sus orillas constituyen un nicho ecológico de gran valor para la flora y la fauna local.
La planta de fitodepuración
Obra de Verde Idea es también un sistema de fitodepuración, método de tratamiento de las aguas residuales basado en la interacción entre el suelo y las plantas acuáticas. La cuenca impermeabilizada, rellenada en el fondo con material de grava, está cubierta de piedra machacada en correspondencia con la entrada y la recogida del efluente.
Las especies vegetales utilizadas (Alisma plantago aquatica, Carex sp., Juncus effusus, Typha latifolia, Typha angustifolia) transfieren el oxígeno de la atmósfera al agua residual en profundidad a través de las raíces y los rizomas, creando las condiciones adecuadas para la proliferación de comunidades microbianas, aeróbicas y anaeróbicas, fundamentales para los procesos de degradación de los contaminantes.
El recorrido ecológico sensorial descalzo

Obra de la sociedad Verde Idea, el itinerario sensorial de 130 metros que conecta idealmente los ríos Piave y Brenta se articula en treinta estaciones realizadas con materiales ligados a la historia geológica del territorio: desde bloques de mármol del Macizo del Grappa y gravas de distinta granulometría procedentes del Brenta, del Lastego, del Piave y del Muson hasta la arcilla típica de la Oasi y de las colinas de Possagno, alternándose con tramos de pradera o, en cualquier caso, suelos blandos.

Conocida como earthing o grounding, la práctica de caminar descalzo, para la que se ha diseñado el sendero, se asocia a posibles beneficios psicofísicos, entre ellos la reducción del estrés, la mejora de la calidad del sueño y de la funcionalidad cardiovascular.

El contacto directo de la piel con la superficie de las rocas, las piedras, la madera, la hierba y la tierra permite percibir sus texturas, temperaturas y porosidad, estimulando y afinando uno de los sentidos que a menudo tendemos a descuidar.


El prado expuesto

Tras franquear la entrada de la Oasi, la vista se abre sobre un amplio y luminoso prado enmarcado por robinias, moreras, ailantos, espinos albares, avellanos, carpes, arces, álamos, cipreses y muchos otros arbustos y árboles de gran porte.


La vegetación arbórea que envuelve el apacible tapiz herboso da sombra a las mesas y bancos de madera del área de picnic, desde donde se pueden admirar, en primavera, los pétalos rosa pálido del rosal silvestre, la floración de la buddleja, conocida comúnmente como “árbol de las mariposas”, así como llamativas mariposas ninfálidas y licénidas. Al caer la tarde, acompañados por el canto de los grillos, los destellos de las luciérnagas crean en este entorno una atmósfera mágica que invita a la contemplación serena de la naturaleza.


Del tocón de un álamo, abatido por estar en peligro de caída, emergen las figuras de una ardilla, una salamandra, un caracol y una rana arborícola hábilmente esculpidas por Michelino Fabbian como testimonio de la sensibilidad ambiental, la creatividad y la pasión por el arte sobre las que se basa el deseo de devolver la vida a esta exuberante zona húmeda.

Importante reserva de biodiversidad, el área verde acoge aves como la garcilla bueyera, el busardo ratonero, la alcaudón común, el pito verde y el faisán, mamíferos como liebres, erizos y topos, así como anfibios como el lagarto verde, la rana verde, la salamandra común y la ya citada rana arborícola, símbolo del Parque Natural Oasi San Daniele.

Dentro del fértil prado soleado hay un estanque bordeado por densas asociaciones de junco effuso y tifa de hojas estrechas (Tifa angustifolia), cuya inflorescencia está compuesta por una parte inferior femenina, aterciopelada, marrón, de forma cilíndrica, y otra superior, amarilla y delgada, masculina. En primavera y verano uno queda maravillado por los nenúfares que flotan sobre la superficie del agua.

El Hotel de los insectos

Surcado por el sinuoso itinerario sensorial, el prado alberga una estructura concebida para favorecer la reproducción y la invernada de numerosas especies de insectos, contribuyendo al mantenimiento de la biodiversidad. Además de insectos, puede acoger también artrópodos, reptiles como las lagartijas campestres y micromamíferos.
El Hotel de los insectos está dedicado a Mattia Gastaldello, benefactor que permitió a la Asociación Oasi San Daniele realizarlo.
Entre las especies más comunes se encuentran el abejorro (Bombus sp.), el carábido (Amara sp.), la abeja carpintera (Xylocopa sp.), el sírfido (Volucella sp.), la avispa alfarera (Delta sp.), la lagartija campestre (Podarcis siculus) y la araña cebra (Argiope bruennichi).

El bosque de llanura
Después de atravesar el recorrido descalzo, el sendero se adentra en el apacible escenario del bosque de llanura, cuyos llamativos colores fascinan en cada estación del año.

El paisaje actual de la Pianura Padana, dominado por el monocultivo y por vastos núcleos urbanos, estaba cubierto en época prerromana por inmensas extensiones boscosas, con predominio de robledales de roble albar mezclados con abetos y hayas, pobladas por asentamientos humanos dedicados a sencillas labores de cultivo en los claros del bosque.
Nacido sobre terreno arcilloso, el bosque de llanura de la Oasi comprende una parte antigua, formada por bosques relictos que formaban parte del parque de una villa romana, a la que se añaden sectores más recientes, plantados en las zonas por las que transitaban los vehículos de extracción.


Nacido sobre terreno arcilloso, el bosque de llanura de la Oasi comprende un área antigua, constituida por bosques relictos que formaban parte del parque de una villa romana, donde florecen algunas especies de orquídeas como el nido de ave (Neottia nidus-avis) y la Listeria Mayor (Neottia ovata), y una fracción más reciente, plantada en las zonas antaño recorridas por los vehículos de extracción.
La tendencia de algunas zonas del bosque a retener el agua de lluvia da lugar a la formación de una zona más seca y soleada y de una franja con sotobosque más sombrío y húmedo, en la que se pueden admirar floraciones primaverales de prímulas, violetas, campanillas, anémonas, eléboro y vegetación típica de las áreas ribereñas y de los espejos de agua, como el equiseto y varias especies de sauce.
El denso manto de robinias, arces campestres, ailantos, quejigos, álamos negros, sanguineles y zarzas ofrece refugio y alimento a mamíferos como zorros, jabalíes, tejones, ardillas, garduñas y corzos, a aves como el petirrojo, el azor, el busardo ratonero, el pico picapinos, la urraca, el ruiseñor, la curruca capirotada, el trepador azul y a coleópteros como el ciervo volante. Coleóptero de la familia de los lucánidos, este último debe su nombre a las grandes mandíbulas del macho, similares a las astas de un ciervo.

Las madrigueras para los erizos
Cerca de un estanque observamos unas pequeñas construcciones de madera, cubiertas por una densa capa de ramas, que se confunden con la vegetación del sotobosque.

Se trata de madrigueras artificiales para el apareamiento del erizo europeo (Erinaceus europaeus), que, al final del periodo de reproducción que tiene lugar entre mayo y octubre, encuentra en estos refugios un entorno seguro para entrar en hibernación.
Los bordes de los bosques y las zonas de matorral, rurales y suburbanas responden mejor a las necesidades de este mamífero insectívoro, que en este hábitat se alimenta de escarabajos, orugas, milpiés, lombrices, babosas, así como de cochinillas de la humedad, carroñas, ratoncillos jóvenes y pequeños huevos de aves.
El estanque estacional

El estanque estacional es una cuenca de recogida de aguas meteóricas con una profundidad no superior a 50 cm, cuyo nivel está sujeto a importantes oscilaciones diarias y estacionales, tanto en términos de temperatura como de cantidad de agua. Tales cuencas tienden a secarse en verano, por efecto de la evaporación, y en invierno, a causa de la escasez de precipitaciones.
Este ecosistema favorece la presencia de invertebrados que han desarrollado a lo largo de la evolución la capacidad de adaptarse a periodos de sequía y de hielo, para reanudar el ciclo biológico con el regreso del agua. Este es el caso de invertebrados acuáticos como notonectas, gerridos, coleópteros y ditíscidos, que alcanzan en vuelo las aguas permanentes más cercanas durante la fase de sequía de los estanques estacionales, para luego volver cuando se llenan con las lluvias primaverales u otoñales.
Otros invertebrados, entre ellos efemerópteros, odonatos, tricópteros, dípteros y varios coleópteros, modulan la duración del ciclo larvario en función de las condiciones ambientales y de la disponibilidad de agua. Al llegar la fase de sequía, estos insectos ya han alcanzado el estadio adulto y son capaces de volar, o bien crean un capullo, la pupa, en cuyo interior se produce la metamorfosis.
Entre los anfibios se distinguen urodelos, dotados de cola, como salamandras y tritones, y anuros, carentes de cola, como ranas y ranitas, que encuentran refugio hasta el periodo de apareamiento en las charcas temporales, donde depositan los huevos.

Seguimos hacia el oeste y descendemos una escalinata de tierra apisonada, cubierta de hojas secas, que conduce a la parte baja de la Oasi, donde podemos contemplar encantadores estanques rodeados de vegetación ribereña.

Continuando en dirección oeste se llega a un cruce. Tomando a la izquierda, el sendero conduce a un amplio claro florido, delimitado por el bosque de la Oasi y por frondosos setos: una apacible extensión herbosa desde la que se pueden admirar fascinantes vistas panorámicas de la vertiente meridional del Macizo del Grappa.



Girando a la derecha se llega, en cambio, a una luminosa colineta, desde cuya cima se abarca con la mirada el valle dominado por el Macizo del Grappa y el pueblo de Borso del Grappa que se alza a sus pies. A lo lejos se distinguen el campanario y la Chiesa Arcipretale dei Santi Maria e Zenone.

Seguimos hacia el norte hasta cruzar Via S. Daniele y luego giramos a la izquierda para emprender el sendero de los robles, un recorrido circular que se desarrolla en los márgenes de la Oasi.


El sendero de la Tipha
El itinerario más adecuado para observar los estanques del Parque Natural Oasi San Daniele y el extraordinario conjunto faunístico y floral que los caracteriza es el sendero de la Tipha.
Tras cruzar el acceso de la Oasi, encontramos a nuestra derecha una verde altura coronada por encinas, olmos y cipreses. Superado el tocón decorativo esculpido por Michelino Fabbian, seguimos las indicaciones hacia el sendero de la Tipha.


Los tres estanques
Después de bajar una breve escalinata de madera y tierra apisonada, flanqueada por una frondosa carpe, se toma el sendero que bordea los apacibles estanques de la Oasi, rodeados de sauces, equisetos, arces campestres, acacias, sanguíneos, olmos, álamos y muchos otros árboles y plantas ribereñas.

Importantes reservas de biodiversidad, estos valiosos biotipos constituyen un lugar adecuado para la invernada y la reproducción de numerosas especies anfibias que dentro de la Oasi encuentran un refugio seguro frente a la contaminación producida por las actividades industriales y agrícolas.


El tranquilo trazado panorámico conduce a una cómoda pasarela de madera desde la que avistamos hermosos ejemplares de ánade real, una de las numerosas especies avícolas que pueblan los estanques del espacio natural.

El estanque profundo estable
El estanque es un cuerpo de agua con circulación, cuya profundidad, superior a un metro, puede alcanzar un máximo de cinco metros. En ausencia de aguas turbias, la luz solar llega al fondo de la cuenca, haciendo posible el crecimiento de plantas macrófitas.

A lo largo de las orillas del estanque prosperan la carriza, el junco florido, la tifa de hojas anchas y la tifa de hojas estrechas, joya de la Oasi, que tienen como fondo esbeltas robinias, sauces blancos y sauces cabrunos, cuyas flores masculinas, al final del invierno, se cubren de pelos gris plateados llamados amentos.
Como testimonio de la salubridad de este delicado ecosistema pueden avistarse, además del ánade real, ejemplares de somormujo lavanco, garza real, martinete común, rascón y polla de agua.

Entre las especies ictícolas que frecuentan este entorno acuático se encuentran la tenca, el carpín, el alborella y el espinoso. La fauna que habita el estanque incluye la rana verde, la tortuga de orejas rojas y la culebra de collar, mientras que entre los carrizos y sobre la lámina de agua revolotean libélulas y caballitos del diablo.


Área somital con observatorios
Accesibles con reserva, los observatorios de la zona de experimentación naturalista han sido realizados por voluntarios para alojar a los fotógrafos que desean inmortalizar la avifauna local.
Cubierto por un ralo pinar, el terreno sobre el que se alzan cuenta con un comedero y un charco de agua limpia para atraer a la fauna salvaje, sobre todo en invierno, estación en la que hay mayor escasez de alimento.

Anillamiento
Dentro del Parque Natural Oasi San Daniele se practica el anillamiento, método científico de investigación y estudio de la avifauna mediante el cual los ornitólogos pueden realizar mediciones y controlar el estado de salud de las aves que transitan o nidifican en el espacio natural.
El nombre de esta práctica deriva del anillo identificativo que se coloca en el tarso de las aves.
Cajas nido para rapaces
El Parque Natural Oasi San Daniele alberga además cinco cajas para la nidificación del cárabo (Strix aluco), el autillo europeo (Otus Scops) y el mochuelo europeo (Atene noctua). Además de las rapaces nocturnas, los nidos artificiales dan refugio a paseriformes como el carbonero común (Parus major) y el agateador europeo (Sitta europaea). Este último, en realidad, no es un verdadero pájaro carpintero y nidifica en cavidades naturales o en nidos excavados por los verdaderos pájaros carpinteros, a cuyos huecos de entrada reduce el tamaño añadiendo barro o arcilla.
El éxito del proyecto queda atestiguado por la nidificación del cárabo, del agateador europeo y del carbonero común, que colonizaron los nidos artificiales ya desde el primer año de su instalación.

Si os preguntáis qué hacer en San Zenone degli Ezzelini, el Parque Natural Oasi San Daniele es un destino imprescindible para quien desee explorar un pulmón verde virgen, comprendido entre los ríos Piave y Brenta, devuelto a su antiguo esplendor gracias a cuidadosas obras de saneamiento y recuperación ambiental.
Adornado por antiguos bosques acariciados por estanques salpicados de nenúfares, el fértil espacio natural sobre el que vela la colosal mole del Macizo del Grappa está recorrido por sinuosos trazados sombreados por sauces, altos álamos y majestuosos robles. Destino ideal para los aficionados a la fotografía y al senderismo, la Oasi permite admirar un delicado ecosistema que ha sobrevivido a la expansión agrícola e industrial.
Para más información es posible consultar el sitio www.oasisandaniele.it
El material fotográfico, los vídeos y los contenidos escritos son propiedad exclusiva de la Asociación Oasi San Daniele de San Zenone degli Ezzelini (TV). Todos los derechos de autor están reservados. Copyright de Oasi San Daniele.




