¿Dónde se encuentra el Museo Arti e Mestieri de na volta?
Instalado en uno de los graneros de Villa Pera, una fascinante propiedad señorial armoniosamente integrada en el centro histórico de Gaiarine, el Museo Arti e Mestieri de na volta custodia un amplio mosaico de testimonios que definían la vida cotidiana, las tradiciones, el trabajo agrícola y artesanal de los habitantes del territorio desde los albores del siglo XIX.
Antes del final de la aparcería en los años setenta del siglo XX, la extensa finca de la familia Pera constituía una realidad autosuficiente, en la que un complejo conjunto de dependencias rústicas, necesarias para la administración de la explotación agrícola, se desarrollaba en torno al majestuoso cuerpo principal que data de la segunda mitad del siglo XVII.
La primera parte del recorrido expositivo presenta numerosas herramientas empleadas por los albañiles, entre ellas una serie de moldes para fabricar tubos y bloques de cemento, como muestra del nivel de autonomía de la comunidad rural, capaz de encargarse de forma independiente incluso del mantenimiento de los edificios y las viviendas de los aparceros.
El larin y la vida doméstica: el corazón de la casa campesina
La siguiente área temática está dedicada al larin, el hogar doméstico alrededor del cual se reunían para comer y calentarse. Ordenadamente dispuestos sobre una cómoda encontramos morteros, mazos, molinillo de pimienta, un pasapuré, un picacarne, un rallador de queso, un speo da osei (asador para aves) y un tostador de café, o bala da cafè, utensilio de hierro formado por dos largos mangos a los que se unen dos semiesferas que se cierran como unas tenazas.
Junto a una cocina económica con varias ollas y cazuelas, llaman nuestra atención una panera para la harina y un recipiente de vidrio para conservar la carne en sal o en grasa. Al lado de una típica mesa campesina con una jarra de vino y unas sillas rústicas, observamos una antigua trona que, cuando era necesario, hacía las veces de orinal.
Baño y dormitorio en el siglo XIX
Después de contemplar un acogedor saloncito amueblado con muebles de época y calentado por una estufa, la mirada se posa en un elegante escritorio; tras él, encontramos a nuestra derecha un dormitorio con un baño de cámara, unos cochecitos de los años sesenta del siglo XIX, una cuna, un baúl que contenía la dota, es decir, el ajuar, un armario con camisones y una mesilla de noche, conocida entonces como lateral por estar situada al lado de la cama.
En las noches de invierno, esta última se calentaba con un brasero (mònega) introducido en un marco de madera formado por dos pares de tablillas curvadas (prete), colocado bajo las mantas aproximadamente media hora antes de acostarse. Algunos calentadores de cama, más rudimentarios, se obtenían de los casquillos de la primera guerra mundial. También merece mención el paion, un colchón relleno de brácteas de maíz (scarthoz), con dos orificios que permitían arreglarlo cada mañana. La museografía incluye una bañera con ruedas que permitían trasladarla de una habitación a otra.
Lavar la ropa en el siglo XIX
Antes de la difusión de la moderna lavadora, la ropa se lavaba en un gran cubo con lejía, un detergente obtenido dejando decantar la ceniza en agua hirviendo. El recipiente de madera tenía un orificio en la base que permitía que el agua y la lejía salieran. Para evitar que las prendas obstruyeran la abertura una vez retirado el tapón, se colocaba una mandíbula de cerdo sobre el orificio. La ropa limpia se enjuagaba luego en el río con el lavador, o en el cubo con la tavola da lavar.
Cría del gusano de seda y sericultura: de la hoja de morera a la seda
Antaño salpicada de frondosas moreras destinadas a alimentar a los gusanos de seda, la finca de Villa Pera fue sede de una próspera actividad de cría del gusano de seda. De los numerosos instrumentos empleados tradicionalmente en este sector, el museo Arti e Mestieri de na volta exhibe una antigua incubadora, utilizada en primavera para mantener los huevos de gusano de seda a una temperatura controlada, y un higrógrafo, aparato empleado para medir el nivel de humedad. En el momento de la eclosión, las larvas comenzaban a alimentarse de las hojas de morera, entonces troceadas con el tajafoia.
El ciclo vital del gusano de seda
El ciclo biológico del gusano de seda comprende cinco edades y cuatro mudas. Los aproximadamente 55.000 ejemplares contenidos en una onza de huevos alcanzan un tamaño de nueve centímetros cada uno, llegan a ocupar una superficie total de 60 m² y requieren nueve quintales de hojas de morera para su alimento.
Para mantener limpias las larvas de los restos de la muda, al final de cada etapa de crecimiento se extendían sobre los gusanos de seda hojas de papel perforado, que posteriormente se cubrían con hojas frescas de morera. El tamaño de los agujeros variaba según la edad y, por tanto, según el tamaño de la larva. Una vez alcanzada la superficie de la hoja, las larvas se trasladaban a unos graticci.
Al llegar a la quinta edad, el gusano de seda, que mientras tanto ha adquirido una coloración blanco satinada, deja de alimentarse y busca un soporte al que trepar para dedicarse al hilado del capullo. Las ramas dispuestas verticalmente para recrear la llamada “salita al bosco” han sido sustituidas en tiempos recientes por soportes de plástico, desinfectables y reutilizables, que facilitan la recogida de los capullos. Un instrumento formado por una serie de varillas de hierro tenía la función de limpiar los capullos antes del proceso de hilado, del que se obtenía una seda cruda destinada a posteriores fases de elaboración y refinamiento.
Artes y oficios del trabajo agrícola y artesanal
Concluida la visita dedicada al antiguo arte de la cría del gusano de seda, el recorrido museístico muestra algunas balanzas centenarias y numerosos instrumentos para la vinificación, entre ellos pisadoras, prensas, un sulfitómetro, una taponadora y una bomba rociadora manual. La colección incluye un alambique para la destilación de la grappa llamado tamburlan.
Entre los instrumentos que facilitaban las labores en la explotación agrícola encontramos una desgranadora (sgarba panoce), tanto manual como mecánica, una seleccionadora de semillas, un yugo (dof), un arado, una grada llamada grapa, una grada de malla (erpese), un tajafien, una sembradora, en aquella época tirada por bueyes, una cestera para transportar heno y hojas, una máquina para triturar remolacha, una picadora de forraje, unos taburetes y unos cubos utilizados durante el ordeño y unos aparatos para la elaboración de la leche, entre ellos una batidora para mantequilla (burcio a mantega) y una scoladora para el queso. Las herramientas empleadas para la pesca incluyen una nasa y un tridente.
Una serie de azadas, rastrillos, horcas, hoces y podaderas sirve de telón de fondo a la bicicletta del panetier, a la bicicleta del campesino y a la bicicleta del barbero a domicilio. Esta última está equipada con navajas, cepillos, tijeras, peines y recipientes para la espuma de afeitar cuidadosamente guardados en una maleta colocada frente al manillar. Junto a una piedra para afilar cuchillos (mola par usar cortei) encontramos unos refinados paraguas para protegerse del sol, dispuestos sobre varias maletas y baúles de época. Antes de acceder a la sala del marangone, nuestra curiosidad se ve atraída por el racolon, instrumento que en los días de Semana Santa sustituía el sonido de las campanas para avisar a los fieles de la misa.
La sala de trabajo del carpintero custodia un gran número de cepillos, escuadras, sierras, compases, martillos, cinceles, taladros de manivela, un torno de mano y muchas otras herramientas para fabricar carros, toneles, muebles y todo aquello que se requería en la gestión de la finca. Durante el periodo de la Resistencia, una abertura secreta permitía a los partisanos refugiarse bajo las tablas del suelo de esta habitación.
Entretenimiento y modernidad: del tocadiscos a la sala de cine
La sección más moderna del museo conserva diversos modelos de radio, tocadiscos, reproductores de discos y televisores, uno de los cuales, que data de 1954, es uno de los primeros televisores del municipio de Gaiarine.
Uno de los espacios más sugestivos del museo es la sala dedicada al cine, donde se encuentran un proyector de manivela de los años treinta y otro eléctrico de los años cincuenta, ambos dotados de una chimenea para dispersar las emisiones de humo producidas por la combustión de los electrodos. En un rincón de la estancia se ha instalado una forja con la fragua, el yunque y las herramientas del herrero y del herrador. A su lado encontramos dos carruajes ligeros con capota, uno de ellos provisto de faroles de vela, que aún lucen los distintivos del pago del impuesto de circulación.
En el centro de la sala se encuentra un reloj de campanario de 1926 de cuerda manual. Después de observar algunas fotografías y herramientas de la banda musical de Gaiarine de los años veinte, entre ellas un pequeño piano, un acordeón, un mandolino y un clarinete, nos dirigimos hacia el área dedicada al tejido, donde encontramos expuestas máquinas de punto, máquinas de coser tanto de pedal como de mesa, cuidadas reproducciones de telares perfectamente funcionales, una herramienta para hacer cuerdas y una máquina para desfibrar el cáñamo, del que se obtenía fibra textil.
La sección dedicada a los bomberos de Gaiarine comprende una escalera de madera para subir, una de cuerda para bajar y una bomba manual de balancín de finales del siglo XIX. Testimonios significativos de la primera guerra mundial incluyen una camilla estadounidense y unas camas plegables del hospital de Gaiarine. La parte final del recorrido expositivo muestra el puesto del relojero Toni Marchesin y un banco de trabajo de zapatero, conocido en dialecto como “scarper“.
Visitar el Museo Arti e Mestieri de na volta: una experiencia memorable
Visitar el museo Arti e Mestieri de na volta es una oportunidad recomendable para quienes deseen descubrir el profundo vínculo que une las raíces culturales del territorio con nuestro presente. Una cuidada selección de objetos espléndidamente conservados narra la evolución de la vida doméstica y del duro trabajo agrícola y artesanal desde los primeros años del siglo XIX, sacando a la luz las costumbres de la época y guiándonos a través de algunos de los momentos históricos más significativos del siglo XX.
Lo que hace de esta visita una experiencia inolvidable, para la que agradecemos a la familia Riello Pera y a la Associazione Vigili del Fuoco Volontari di Gaiarine, es el fascinante marco de Villa Pera y de su radiante parque arbolado centenario, cuya belleza os dejará sin aliento.



