Descubre qué hacer en Arquà Petrarca: la fiesta de las azufaifas, la casa de Petrarca, el llano del Mottolone. ¿Queréis saber más? Antes de todo…
¿Dónde se encuentra Arquà Petrarca?
El municipio de Arquà Petrarca limita al norte con Galzignano Terme, al sur y al oeste con Baone, al este con Monselice.
La fiesta de las azufaifas
La animada festividad popular se celebra cada año durante el primer y segundo domingo de octubre en las principales calles y plazas de la localidad medieval.
Con motivo del alegre evento, la Piazza Petrarca y la Piazza San Marco se llenan de puestos de degustación donde podréis saborear licores, confituras, dulces, mermeladas y exquisitos platos a base del dulce fruto que en los fértiles y soleados colli euganei encuentra las condiciones ideales para crecer frondoso.
El corazón histórico del encantador pueblecito de piedra se anima con vistosas recreaciones con abanderados, bailarines, tamborileros y músicos con trajes de época, cuyas espectaculares actuaciones contradicen el lugar común que asocia la Edad Media a una época oscura.
Durante la feria, las calles del centro acogen artistas, artesanos y talleres en los que se ilustran antiguos oficios como el de la molienda del trigo. No faltarán expositores con ricos embutidos y quesos que atestiguan la calidad de las producciones locales, así como una gran variedad de frutas de temporada que, además de las apetitosas azufaifas, incluye calabazas, granadas, peras y membrillos.
Si os preguntáis qué hacer en Arquà Petrarca y estáis buscando interesantes iniciativas en torno a especialidades enogastronómicas del territorio y atractivas manifestaciones culturales, la fiesta de las azufaifas es una oportunidad para pasar de forma original la temporada otoñal en el agradable marco histórico-natural de un antiguo village incrustado en los colli Euganei.
Para más información sobre la tradicional celebración podéis consultar la página de Facebook Festa delle Giuggiole | Arqua Petrarca y el sitio arquapetrarca.com.
La casa de Petrarca
Ubicada en Via Valleselle, 4, la casa de Petrarca (Arezzo, 20 de julio de 1304 – Arquà, 19 de julio de 1374) es uno de los más significativos puntos de referencia culturales del municipio.
Iluminada por graciosas ventanas con arcos trilobulados, la mansión del siglo XIV había sido donada a Petrarca por Francesco I da Carrara, político, condottiero y señor de Padua.
Armoniosamente inserta en el plácido escenario de los colli Euganei, la vivienda que alojó al poeta y escritor en los últimos años de vida está embellecida por obras pictóricas al fresco que rinden homenaje al contenido de algunas de sus obras.
El llano del Mottolone
Para llegar al llano del Mottolone podéis dejar el coche junto al camposanto en Via Palazzina. En las proximidades del cementerio, en Via Fontana, se encuentra un aparcamiento gratuito en el que se puede estacionar por un máximo de dos horas. Junto al aparcamiento encontraréis la escalinata que conduce al village.
El aparcamiento Borgo Alto en Via Ventolone, 14, es de pago y cuenta con 20 plazas de aparcamiento.
Partiendo de la casa de Petrarca, proceded en descenso por Via Valleselle hasta llegar a un cruce. Mantened la derecha por la carretera como indica la señalización 003 (Pianoro Mottolone, Villa Beatrice D’Este, Monte Fasolo) en dirección noroeste.
El sendero se adentra en el florido paisaje agreste de Arquà, marcado por ordenados hileras de vides y salpicado de olivos plateados rodeados de frondosos setos de acacias, ailantos, álamos y cerezos.
La callejuela desemboca en Via Marlunghe. Girad a la derecha y proceded en suave ascenso entre viñedos, olivares y erguidos cipreses hasta llegar a la intersección con Via Scalette.
Mantened la izquierda y proceded por Via Scalette durante 700 metros hasta encontrar a vuestra izquierda un amplio espacio junto a un gran roble.
Si os preguntáis qué hacer en Arquà Petrarca, el llano del Mottolone regala espléndidas vistas del paisaje rural del municipio y del sinuoso perfil de los colli Euganei que se recortan en el horizonte. El panorama es particularmente sugerente al amanecer, cuando la bruma matinal envuelve los suaves declives boscosos otorgándoles un aura de cuento de hadas, encantada.

