
Casa Marta-Pellizzari
Situada en el corazón histórico de Castelfranco en Piazza San Liberale, la vivienda original del siglo XIV presenta en la planta superior una graciosa semiventanilla lobulada, clara referencia a la arquitectura gótica.
De los siglos XV y XVI data la construcción de la loggia, también en la planta superior, cuya pequeña columna de piedra blanda recuerda a las de la loggia del Barco della Regina Corner en Altivole.
En la segunda mitad del siglo XVII, los Marta compraron el edificio a los Barbarella. La residencia pasó después a la familia Zabottini, que la habitó de 1700 a 1810. En 1831 la casa fue rehabilitada por deseo del entonces propietario Francesco Trevisan, quien ordenó la demolición del sector orientado hacia el lado este del Duomo. Datado del periodo de la intervención del siglo XIX, un elegante muro de cerramiento se alza en correspondencia con la zona demolida. Más tarde la casa pasó a la familia Pellizzari.

Intervenciones de restauración y rehabilitación de Casa Marta-Pellizzari
En los años 1973 y 1974, gracias al apoyo de la municipalidad, una cuidadosa intervención de restauración realizada según un proyecto del Studio di architettura Bellavitis & Valle de Venezia devolvió la Casa di Giorgione a su antiguo esplendor.
De 2002 a 2003 Casa Marta-Pellizzari fue sometida a una obra de rehabilitación y restauración dirigida y financiada por la Fondazione Cassamarca. El proyecto fue confiado al estudio Carli-Moschino de Padova, los criterios y la supervisión a la Soprintendeza ai Beni Ambientali ed Architettonici del Veneto y a la Soprintendenza per il Patrimonio Storico, Artistico e Demoetnoantropologico del Veneto.
Las intervenciones de restauración más recientes han devuelto el brillo a un friso y a un ciclo de frescos del siglo XVI con escenas bíblicas y paisajísticas, realizados por fresquistas venetos.
El Museo Casa Giorgione
Inaugurado el 9 de mayo de 2009 con motivo del quinto centenario de la muerte de Giorgione (1477-1478 aprox. ; 1509-1510 aprox.), el Museo está instalado en las fascinantes salas de Casa Marta-Pellizzari, encantadora morada medieval en la que trabajó el Maestro de Castelfranco, uno de los máximos representantes de la pintura tonal veneta.
Elementos clave del itinerario museístico son la Pala di Giorgione, custodiada en la capilla de los Costanzo dentro del Duomo, el Friso de las artes liberales y mecánicas, situado en la planta superior de Casa Marta-Pellizzari, y la propia casa, cuyos suntuosos ambientes representan el marco histórico y arquitectónico ideal para albergar las cien piezas originales del recorrido expositivo.
La Pala di Giorgione

Situada en el Duomo de Santa Maria Assunta e San Liberale en Vicolo del Cristo, 14, la Pala fue encargada a Giorgione por Tuzio Costanzo, condottiero messinese al servicio de la República de Venezia, para conmemorar la muerte de su hijo Matteo, fallecido de fiebres en Ravenna durante una campaña militar de la Serenissima entre 1503 y 1504. Otras hipótesis de datación sitúan la obra alrededor del año 1500.
Muzio Costanzo, padre de Tuzio, había obtenido el título de virrey de Chipre en reconocimiento a su ayuda al rey chipriota Giacomo II de Lusignano para expulsar a los Genovesi de la Isla de Famagosta en 1464.
Situada a la derecha del presbiterio, la Pala retrata en el centro de la composición a la Virgen entronizada con el Niño. Debajo del trono se recorta el macizo sarcófago de pórfido, embellecido con el blasón del comitente.
La elección de este precioso material, empleado en los sepulcros de emperadores romanos y de soberanos normandos y suabos en Sicilia, subraya la nobleza y el prestigio militar del linaje de los Costanzo.
El sarcófago está flanqueado a la derecha por san Francesco, a la izquierda por san Nicasio, santo guerrero representado mientras empuña en la mano izquierda el estandarte de la orden de Jerusalén, la misma orden religiosa y caballeresca a la que pertenecían Tuzio y otros miembros de su familia.
Los dos santos dirigen la mirada al espectador y devoto, invitándolo a participar en una dimensión íntima y contemplativa, mientras la Virgen y el Niño dirigen sus miradas afligidas hacia abajo, hacia el sarcófago.

Foto de Francisco Marques.
La obra introduce significativos elementos de innovación con respecto a las convenciones estilísticas de las tablas de altar horizontales, en las que la Sacra Conversazione se desarrollaba tradicionalmente al aire libre, y de las verticales, en las que el ambiente áulico y eclesiástico de la conversación quedaba separado del espacio exterior.
En la Pala di Giorgione, la posición elevada del trono respecto a la cortina de terciopelo rojo crea una armoniosa conexión visual entre el ambiente pavimentado, marcado por un riguroso motivo de ajedrezado blanco y negro, y el inmenso paisaje campestre que se desvanece suavemente en el horizonte en delicadas vibraciones.
El village amurallado en ruinas incrustado entre las colinas arboladas y las dos figuras armadas sumidas en el verde representan el tema de la guerra, portadora de muerte y duelo.
Realizada mediante la magistral superposición de veladuras cromáticas, la atmósfera que impregna el radiante panorama de las colinas inunda de luz y color el trono de la Virgen con el Niño, envolviendo la arquitectura pictórica en primer plano y acentuando su profundidad.
La colocación de los dos santos a los lados del sepulcro forma la base de un triángulo isósceles cuyo vértice lo ocupa el trono con la Virgen. La verticalidad piramidal que caracteriza la composición queda subrayada por la acusada y casi innatural altura del trono, del que no se ve el final del respaldo, aspecto interpretable como un paso simbólico del mundo físico al ultraterreno.
Horario de apertura
de septiembre a junio: lunes, miércoles, jueves y sábado de 08:00 a 11:45 y de 15:00 a 17:45
martes y viernes de 09:00 a 11:45 y de 15:00 a 17:45
domingo: de 15:00 a 17:45
de julio a agosto: lunes, miércoles y jueves de 08:00 a 11:45 y de 15:00 a 17:45
martes y viernes de 09:00 a 11:45 y de 15:00 a 17:45
sábado de 09:00 a 11:45 y de 15:00 a 18:45
domingo de 15:00 a 18:45
La Pala no es visitable durante las funciones ni la mañana del domingo y los festivos: martes y viernes a las 8.15 / todas las tardes a las 19 / domingo a las 7.00 – 8.30 – 10.00 – 11.15
Friso de las artes liberales y mecánicas (1502 – 1503)

Con una extensión superior a los quince metros, el friso de las artes liberales y mecánicas es un ciclo de frescos que embellece la franja superior de las paredes este y oeste de la planta superior de casa Marta-Pellizzari. El fresco monocromo en tierra amarilla presenta delicados efectos claroscuro obtenidos con el uso de biacca y bistro.
Una de las claves de lectura más conocidas de la obra identifica en el enigmático friso del muro este una reflexión sobre el carácter transitorio de la existencia humana y en el aprendizaje de las artes liberales un medio para dar sentido a la propia vida mediante la búsqueda de la Virtus y la Fama.
Divididas en artes del trivium (gramática, retórica y dialéctica) y del quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía), las artes liberales constituyen un corpus de disciplinas relacionadas con la expresión lingüística y la abstracción numérica y conceptual. Opuestas al carácter práctico y manual de las artes mecánicas, las artes liberales permiten afinar el pensamiento crítico y la capacidad de discernimiento, esenciales para comprender el mensaje de salvación de la Biblia y superar la propia condición de ser material.

Según la interpretación en clave astrológica de Manlio Pastore Stocchi, Silvio D’Amicone y Augusto Gentili, el friso alegórico está vinculado a la presencia en Castelfranco Veneto de Giovan Battista Abioso, matemático, médico, astrónomo y astrólogo campano que había encontrado en Giorgione un excelente interlocutor para contrastar su pensamiento.
Según esta clave de lectura, el Friso representa los graves desequilibrios cósmicos y terrenales anunciados por un pronóstico basado en el estudio de los cuerpos celestes. En la época de Giorgione, la astronomía era funcional a las previsiones astrológicas, las cuales a su vez servían para formular predicciones sobre acontecimientos y vicisitudes humanas.
La disposición de libros, tinteros y gafas en la primera sección del friso indica el profundo estudio teórico y científico en el que se basaba la astrología, disciplina teorizada por Giovanni Battista Abioso en su Dialogus in Astrologiae defensionem de 1494 y por Giovanni da Monteregio en la obra Epytoma in Almagestum Ptolomei, de 1496.
La presencia de un reloj de arena y de dos cartelas con las frases latinas “Umbre transitus est tempus nostrum“, es decir, “nuestra vida es el paso de una sombra” (Liber Sapientiae, II, 5) y “Sola virtus clara aeternaque habetur“, o sea, “la sola virtud es tenida por ilustre y eterna” (Sallustio, De Catilinae coniuratione, I.), subrayan el rápido e inexorable paso del tiempo y la caducidad de la vida humana. Entre las dos inscripciones está retratado el rostro de un anciano sabio, quizá Averroé.
A los numerosos instrumentos de medición de los movimientos celestes, entre los que se distinguen un sextante, una esfera armilar, escuadras, compases, un astrolabio y una regla de escuadra, sigue la representación de la gran conjunción de Saturno, Júpiter y Marte en Cáncer anunciada para 1503-1504, del eclipse de sol de 1502 y del eclipse total de luna de 1504, consideradas portadoras de desorden cósmico.
Las dos cartelas siguientes, entre las cuales se encuentra un medallón con la imagen de un anciano barbudo, recogen frases latinas que ensalzan la razón y la sabiduría “Qui in suis actibus ratione duce diriguntur iram celi effugere possunt” y “Fortuna nemini plus quam consilium valet” (Publilio Siro).

La situación dramática predicha por los acontecimientos astronómicos ilustrados en la primera sección del friso este se concreta en el tema de la guerra, representado en posición central.
En la última parte del Friso, Giorgione eleva la pintura y la medicina, tradicionalmente clasificadas como artes mecánicas, al mismo nivel que la música, incluida en las artes del quadrivium por su naturaleza matemática. Como testimonio de un mundo ya privado de equilibrio, los instrumentos musicales representados yacen abandonados, mudos y sin cuerdas.
La inscripción legible en la penúltima cartela reza: “Si prudens esse cupis in futura prospectum intende,” es decir: “si quieres ser sabio, dirige la mirada hacia el futuro”. Tal advertencia reconoce en la cordura y la visión de futuro la única manera de garantizar un porvenir positivo para la humanidad y para las artes.
El friso del muro oeste es con toda probabilidad una imitación especular del friso del muro este, pero no especialmente profundo en sus contenidos. En el friso oeste el espacio está ocupado por objetos amontonados relativos al mundo bélico, musical, funerario, a la medición del tiempo, a la equitación, a la navegación y al arte.







